Hoy hablaré de Cristino, mi amigo profundo.
A los beneficios sociales de la receptación debe Cristino el
mayor lujo de su chabolo: el grifo termostático de la ducha. Pero hace unos
días se le jodió el invento. En un primer momento, fue al cajón de los papeles
para buscar la garantía; luego se dio cuenta de que no quedaba otra que avisar
a un fontanero. Grave problema. Según Cris, el fontanero A te la mete doblada,
es un carero y un timaviejas; B es un chapuzas; D, un informal; E, un facha; F
quizás sea el tío más gilipollas de la
ciudad estrecha, porque se presenta al chaperón con pantalones de pinzas y
un niqui del cocodrilo; G ya desayuna con sol
y sombra, y puede soldar el cobre con el aliento, etc. Ante tal coyuntura, cuando la mejor referencia es la
ausencia de referencias, decidió buscar en la guía telefónica alguno desconocido,
y entre ellos escoger al azar. El elegido fue Fontanería El latiguillo, sin duda una empresa nueva. Al teléfono,
cogió el recado una chica; el fontanero pasaría al día siguiente, sobre las seis
de la tarde.
A pesar de suceder en España, a las seis -clavadas- del día
siguiente sonó el timbre. Cristino, al igual que un servidor, opta en la calle
por el estilo grunge (aunque de esto
nos enteramos hace bien poco) o el chándal (prenda muy usada por los
deportistas). Pero en casa, como un servidor, ya se convierte en un auténtico
adán. Por eso abrió la puerta despechugado, exhibiendo de sopetón el esplendor
de su orografía anatómica, sin más atuendo que unos slips con los colores de la
bandera republicana y unas chanclas. Digamos, por otra parte, que Cris no es el
David de Miguel Ángel; más bien tira a los personajes de Botero. Estampa desenfadada,
hogareña o directamente intimidatoria que no habría tenido la mayor importancia
de no ser porque el visitante no era un fontanero, sino una fontanera. La
franja roja de los calzoncillos se contagió al careto espantado de mi buen
amigo.
-Buenas tardes, vengo a lo del grifo.
-Sí, sí, pasa. Qué calor, ¿eh?
-Ay, sí, algo tremendo.
Cris le acompañó al cuarto de baño y fue a ponerse algo
encima, escuchando por el camino cómo la fontanera estallaba en una risa
violenta estrangulada de hipidos. Parecía que se iba a ahogar, la pobre. Era un
alivio: al menos no le había tomado por un degenerado. También pensó que la tía
no estaba mal. Era una gordita guapa (“como yo”, me dijo), andaría por los
treinta y cinco, parecía simpática y no llevaba anillo de casada. Esto del
anillo es un detalle que captan al primer vistazo los solterones y, sobre todo,
las solteronas. Científicamente, se trata de un mecanismo de adaptación al
medio, en concreto el hiperdesarrollo de la visión periférica. La naturaleza
nunca deja de asombrarnos.
Ya convertido en un gentleman con su flamante chándal Raabok, Cristino volvió a aparecer en el
cuarto de baño. Por qué no tirar la caña, qué hostias. Cuando Cris tiene una
buena idea no se le ilumina una bombilla sobre la coronilla; tendente, como es,
a los excesos, se le ilumina una antorcha o un foco de presidio. Y en este caso
consideró acertado romper el hielo con un tema técnico, muy adecuado a las
circunstancias: la condolescencia programada.
Lo que podría referirse al uso del condón en la adolescencia, a un sentimiento
que mezclara la condolencia y la condescendencia, o quizá a una conciencia dolorosa.
Salvo que mi buen amigo confundió condolescencia
con obsolescencia.
En todo caso, condolescentemente,
la conversación fue transitando de la bombilla eterna de California a las
impresoras de usar y tirar, y de ahí, en dulce e insospechada deriva, a unos
misteriosos canelones precocinados que hicieron estallar el microondas de Cris.
Cuando el diálogo fluye de tal manera, es que hay feeling (o bien fílis,
como dice él, un tanto electrodomésticamente), hasta tal punto que la fontanera
se animó a merendar un café con perrunillas y chupito de aguardiente de guindas.
Cris siempre se ha considerado un mago de los preliminares. El caso es que
entre la técnica (que, al parecer, tiene un buen saque) y el cliente (no
digamos) se cascaron la frasca de aguardiente, guindas incluidas, llegaron las
miradas profundas, los arrumacos, el calentón. Finalmente, volvieron a aflorar
los calzoncillos republicanos, y la visita profesional culminó con dos grifos
reparados y dos almas juntitas. Un hermoso romance proletario.
Ella se llama Etelvina (Étel para los amigos), aprendió
fontanería en un Taller de Empleo y, por las vueltas que da la vida, emigró
hace tres años desde un pequeño pueblo pacense a nuestra pequeña ciudad
distópica.
Cristino me contó todo esto al día siguiente, hace ya dos
meses. Indiciariamente, en vez de ventilarse cuatro o cinco latas de cerveza y
sacar la papela de farlopa, me pidió un té verde. Sí, un puto té verde. Habló
de “flechazo”. Desde entonces, no le he vuelto a ver. Sospecho que, como les
ocurre a los solteros contumaces cuando descubren o creen descubrir a su media
naranja, hoy solo tiene una causa -Étel-, a la que entrega su tiempo y sus
pensamientos, volcado en el pacífico fanatismo, en el celoso sacramento, en el
lustral egoísmo del amor.
Me alegro por él, pero presiento que este diario o mensuario
o caprichosa tabla de confesiones, si ya nació con vocación de sol negro, acabará extinguiéndose. Y me agobia
una cierta desazón de orfandad.
Gabriel Cusac
Cosas de la vida y de la fontanería. :) las aventuras también pueden ser de a dos. En vez de extinguirse lo mismo que la energía puede trasformarse. Un abrazo Gabriel.
ResponderEliminarEs verdad, Leonor. A ver cómo funciona Étel, porque puede apuntarse a estos papeles. Un abrazo.
ResponderEliminarA seguir escribiendo.....placer leerte!
ResponderEliminarSeguimos en la brecha. Grazie mille, Mojadopapel.
ResponderEliminarGracias a Étel se le acabó a Cris aquello de abrir la puerta en calzoncillos con los colores republicanos, beber cerveza a espuertas, emitir eructos con regustillo a chorizo y dejar el cenicero plagado de colillas durante meses, entre otras delicias de la vida solterona. La chispa, o lo que sea, tiene sus inconvenientes.
ResponderEliminarMusgosos saludos
Una auténtica debacle de los preceptos de la soltería, Carmen. Pero los vicios de soltero acaban aflorando en grietas de magma ardiente o a través de una erupción brutal. Admito, muy cabronamente, que es mi esperanza, aunque también es cierto que Étel puede ser un punto a sumar en estos papeles intermitentes. Veremos en qué acaba la cosa.
ResponderEliminarSaludos salvajes.
He mirado por Internet para comprar calzoncillos republicanos, por si acaso, y se están agotando. Se ve que el reciente éxito de Cristino está motivando émulos. (También esto deja ver la desesperación de la gente)
ResponderEliminarPues ójala esta moda cause furor, porque parece que en Europa ahora tira mucho la esvástica (también esto deja ver la desesperación de la gente).
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