6 de septiembre de 2010

Malpertuis, de Jean Ray


En ningún caso sabremos cuánto hay de preciso en los postulados del determinismo geográfico, pero es sugerente especular que la atmósfera encantada de Gante, cuna de Jean Ray (1887-1964) y una de las ciudades más bellas y misteriosas del mundo, pueda ser partícipe de la creación de Malpertuis, una de las obras más bellas y misteriosas de la literatura universal. Tampoco conocemos una fórmula vital que defina el sino de los fantásticos, protagonistas de las más dispares biografías. En todo caso, la de Jean Ray, el más frecuente seudónimo de Jean Raymond Marie de Kremer, abunda en la aventura y no está exenta del delito (que es la aventura ilegal), por más que algunas reseñas cómplices o benevolentes intenten soslayarlo. Así mismo, buena parte de su obra -en concreto, la serie del detective Harry Dickson- no escapa a la mediocridad, a pesar de algún que otro gratificante chispazo visionario. Poco debe importarnos; nada de lo dicho disminuye o explica la grandeza de Malpertuis, uno de esos relatos tan netamente originales que no admiten símil alguno.
Malpertuis es una siniestra mansión bautizada así por sus antiguos propietarios, los padres barbusquinos, en referencia a la guarida del zorro del Roman de Renart. En ella, el tío Cassave, su actual dueño, reúne a la familia para distribuir su inconcebible herencia antes de una muerte que sabe inminente. Los herederos deben aceptar varias condiciones; la principal, habitar la casa -amparados por una fabulosa renta vitalicia- hasta que el último de ellos, el superviviente, se convierta en poseedor absoluto del legado. Este es el eje que vertebra el argumento; también lo más fácil de explicar. Porque toda la novela es una máscara y una metáfora que tardaremos mucho en solucionar; prodigiosa máscara, donde lo que se oculta es más importante que lo que se dice, e inusitada metáfora, de olímpica concepción, que a los neopaganos nos llega con aires de réquiem. Ray utiliza un estilo demasiado suelto -frases cortas, infinitos puntos y aparte, predominio abrumador de los diálogos-, aunque efectivo, y exhibe una habilidad magistral para dosificar la información, manteniendo el desconcierto del lector. Pero a estas cualidades de novela negra hay que sumar el despilfarro de onirismo, ciertamente morboso, que inunda los ambientes y las situaciones del relato y que, en definitiva, supone el mayor mérito a la hora de considerar a Malpertuis como una obra cumbre de la literatura fantástica.
Dudosa en su guión, expresionista en su estética, a veces torpe, por momentos excelsa, en todo caso interesantísima, existe una versión cinematográfica de Malpertuis realizada porHarry Kümel en 1971. Las malas lenguas cuentan que Orson Welles, protagonista en el papel del tío Cassave, echó algún cable a Kümel en la dirección. Este apuntador no lo duda.

La casa del tío abuelo Cassave surgía en la oscuridad, enorme y negra como una montaña. Sus postigos estaban cerrados como los párpados de los muertos y el porche tenía profundidades siniestras de abismo.
-¡Bets! -exclamé-. ¡Vámonos!...¡No quiero entrar!
No respondió y no sé si estaba aún a mi lado.
Parecía como si suelas de plomo se hubiesen adherido a mis pies. Los arranqué del suelo con dificultad y eché a andar con pesado y torpe paso de sonámbulo.
Andaba... Andaba...
Todo mi ser gritaba de terror y de rebeldía, y, sin embargo, me dirigía hacia el porche.
Subí la escalinata, parándome en cada peldaño.
La puerta se abrió, o acaso estuviera abierta.
Y, en medio de la oscuridad de la noche, entré en Malpertuis.

En 1847, en un cuento de Andersen, un caballero le pregunta a su propia sombra, errante por un extraño azar: "-Pero, ¿qué es lo que vio? ¿Estaba en el gran salón todos los dioses de la Antigüedad? ¿Luchaban allí los viejos héroes? ¿Jugaban niños encantadores y contaban sus sueños?".
No hubiera venido mal la cita a Ray, quien publicó Malpertuis casi un siglo después.

Gabriel Cusac

2 comentarios:

Juana María dijo...

Seria estupendo que nuestra sombra fuese con nosotros pero no pegada.La mandariamos adelantarse, de escudo, como paraguas, ausentarse dependiendo donde y cuando.Puestos a pedir que vaya ella y nosotros nos quedamos. En lugar del hombre invisible, la sombra solitaria.
En Malpertuis seria posible,las sombras vagando, y el suelo sin crujir. Es siniestra la casa ya lo creo.
Un abrazo.

Gabriel Cusac dijo...

Pues con pocas vueltas que le demos ya tenemos un cuento hecho, el de la sombra solitaria. Y, si no fuera cuento, el mejor invento del mundo: ella afrontaría nuestros compromisos no deseados.
Un abrazo, Juana María.