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Víbora cornuda, pero no vípera ammodytes, de los campos andaluces. Especie muy esquiva, se ven más sus camisas abandonadas que sus cuerpos. Mide unos setenta centímetros, es gris, de grandes colmillos, y su distintivo principal son los dos cuernecillos de su cabeza, prominencias donde sitúa los órganos receptores de infrarrojos.
La bicha hipnotiza a sus víctimas, a las que paraliza con la mirada. Luego, las inyecta el veneno letal sin ninguna oposición. Siente especial debilidad por las nidadas, cuya depredación constituye uno de los espectáculos naturales más curiosos que pueda contemplarse. Desde el suelo, hipnotiza a papá o mamá pájaro, que cae a plomo del árbol. Entonces la bicha inicia una fatigosa trepa, utilizando sus colmillos a modo de crampones y aprovechando cualquier protuberancia del tronco para apoyar su cuerpo. En ocasiones cae a mitad de camino, o desiste, agotada. Si logra alcanzar su objetivo, y tras el goloso festín ovófago, la vuelta no resulta menos ardua, por lo que es frecuente que la bicha repose en el propio nido durante horas antes de iniciar el descenso.
Otra curiosidad reside en su rito nupcial. No existe danza, alarde o cualquier tipo de exhibición a cargo del macho o de la hembra. Simplemente enfrentan sus miradas durante unos minutos, y al cabo deciden copular o seguir cada cual su camino. O hay flechazo, o no. Es posible que, en alguna obra de ciencia ficción, tanto ocurra con los humanos del futuro.
La bicha hipnotiza a sus víctimas, a las que paraliza con la mirada. Luego, las inyecta el veneno letal sin ninguna oposición. Siente especial debilidad por las nidadas, cuya depredación constituye uno de los espectáculos naturales más curiosos que pueda contemplarse. Desde el suelo, hipnotiza a papá o mamá pájaro, que cae a plomo del árbol. Entonces la bicha inicia una fatigosa trepa, utilizando sus colmillos a modo de crampones y aprovechando cualquier protuberancia del tronco para apoyar su cuerpo. En ocasiones cae a mitad de camino, o desiste, agotada. Si logra alcanzar su objetivo, y tras el goloso festín ovófago, la vuelta no resulta menos ardua, por lo que es frecuente que la bicha repose en el propio nido durante horas antes de iniciar el descenso.
Otra curiosidad reside en su rito nupcial. No existe danza, alarde o cualquier tipo de exhibición a cargo del macho o de la hembra. Simplemente enfrentan sus miradas durante unos minutos, y al cabo deciden copular o seguir cada cual su camino. O hay flechazo, o no. Es posible que, en alguna obra de ciencia ficción, tanto ocurra con los humanos del futuro.
Su veneno no es mortal para el hombre, pero produce una reacción similar a la provocada por la escopolamina. No hay estudios científicos al caso, aunque parece que quien sufre la picadura de la bicha, en lo que duran los efectos del tóxico, alucina con una vida serpentaria.
Gabriel Cusac
13 comentarios:
Regresando de las vacaciones, disculpa mi ausencia. Prometo ponerme al día poquito a poquito. Besos!!
Espero que no te hayas alojado en las mazmorras de Agáebalo, Silvia.
Un beso.
Si su picadura produce efectos depresivos o de euforia que determina la reacción,el receptor bicho o la bicha de la receptora.
Cuidado con las picaduras...
Fiel Juana María: parece que el veneno de la bicha, en el hombre, actúa como un hechizo de magia simpática donde la voluntad de éste cuenta poco. La víctima, el hombre, ve y siente tal lo mismo que su verdugo, llevando esa vida serpentaria en tanto duran los efectos. Su espíritu, durante ese tiempo, ha sido secuestrado. Quienes han sido mordidos por la bicha recuerdan el sueño entre lo nebuloso y lo fascinante, pero un profundo terror les invade sólo de pensar en que tan tremenda experiencia pudiera volver a repetirse.
Un saludo.
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- Daniel
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Gracias a ti por tu visita y tu comentario, anónimo amigo.
No sé si tengo la categoría para escribir un bestiario y, dentro de ello, para describir un bicho como tú.
En el díalogo natural resultas un hombre parco, huidizo, atrincherable. Sin embargo, ante la escritura despiegas un colorido de ideas y de imágenes de pavo real. Concluyo provisionalmente que eres un pavo macho y que "la escritura" es la hembra que excita esto que nos regalas.
Espero que no me cobres por el psicoanálisis, Juan.
Al estilo algunos flashes de José Mota:
Si te digo la verdad te miento:
Si la literatura es "la pava" de Cusac.
¿es está "pelando la pava" a todas horas?
O más escatológico: ¿es que cuando se excita echa "la pava"?
Sin duda, y esto es completamente en serio, los artistas siempre estáis en la edad del pavo.
No lo tengo muy claro, pero vamos a hacer una cosa: échale guindas al pavo, que yo se las echaré a la pava.
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