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22 de febrero de 2013

Cuentos desquiciados, en formato digital

 
 
Gracias a Luis Felipe Comendador, y a través del sello lf ediciones, los Cuentos desquiciados iniciaron su camino de papel en marzo de 2004. Hoy, nueve años más tarde, Mercedes Riba inaugura su editorial digital con este título, circunstancia que me honra y que, además, considero causa más probable del fenómeno metafísico que últimamente acontece a mi paso: el estrechamiento de los pasillos.
Debo advertir o incitar. Estos relatos carecen de pudor. Tampoco se distinguen por sus delicados visos impresionistas. Todo lo contrario; muy a propósito, rebosan del exabrupto y de la apostasía, del grotesco y de la deformidad, del chirrido escatológico. Musas bacantes los inspiran. Como inspiraron otras letras iconoclastas: las de Luciano de Samósata, Swift, Rabelais, Sade, Apollinaire, Quevedo... Gigantes,  monstruos sublimes a quienes no oso compararme, pero que campearon en las mismas lides donde deben ubicarse los Cuentos desquiciados: la sátira. Que es decir el purgante, la oración inversa o la búsqueda de la ejemplaridad por terapia de choque, aunque el primer síntoma sea la sonrisa sutil, la risa abierta o la carcajada brusca. Para el lector amigo, claro. El lector enemigo, que chinche y rabie. Y aquí paz y después gloria.
Por último, declaro obligada pleitesía a dos grandes solucionadores. Pepe Muñoz, burlando de nuevo a Saturno, consiguió encontrar un hueco para regalarme el prólogo. Eloy Díaz, pertrechado con su bastimento fotográfico, me acompañó hasta cierta capilla infernal para que un alma réproba protagonizase la portada. Con todo lo que debo a ambos, me río yo del déficit público español.
Nada más. Los Cuentos desquiciados, en http://mercedesribaebooks.com/ediciones/
Por Gabriel Cusac

31 de marzo de 2009

Los pecados de Peñamocha, otro Cuento Desquiciado de muestra



Los pecados de Peñamocha

“Pues aquellos que no han creído, o no han sido bautizados, o después de su bautismo han vuelto otra vez a los ídolos, a los homicidios, a los adulterios o a los perjurios y a otras maldades y han muerto sin arrepentirse, a todos los que se les haya encontrado así se les condenará junto con el diablo y con todos los demonios a los que han adorado y cuyas obras han hecho, y con su propia carne se les mandará al infierno, al fuego eterno donde la llama inextinguible está encendida y donde, gimiendo, aquella carne recobrada por la resurrección es torturada por siempre jamás”.

MARTÍN DE BRAGA, De Correctione Rusticorum.

I

Cristino Gainsborough Chanfaina, alias Malvaloca, nació con la pierna izquierda menguada y la cruz de Caravaca escrita en el paladar y en los bajos del escroto, ahí es nada. A quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga, eso sí, pero el cantazo no se lo dio Dios, dónde iríamos a parar, el cantazo, eso lo sabe toda Peñamocha, se lo dio el diablo del Mamerto, el hijo de doña Adelita, la sacristana, cuando de mozos se enzarzaron por metérsela primero a la Régula, que era un putón verbenero de los gordos y siempre andaba espatarrada por los escobares, ya ven, riñas tontas de zagales, y a resultas del cantazo el Cristino lleva desde los doce mirando non.
Con su mirar non, bruno y reventón, con la cerviz agazapada y la piel de cera, con el talle etíope y los brazos descolgados, el Cristino más semeja ánima prófuga del Vampus que humano penitente cuando en el novenario de septiembre asciende muy fervoroso el vía crucis del santuario de san Marciano, protomártir, cantando “El Señor hizo en mí maravillas”, que es himno muy reconfortante y agradecido.
TERTULIANO FINGIDO: Y usted que lo diga.
El Cristino, a pesar de la doble cruz de Caravaca, no salió al fraile visionario, ni curandero, ni tan siquiera zahorí; hay señales inescrutables como los mismos designios del Señor o talmente del Gobierno.
T.F.: Ahí, ahí.
Aunque algo debe significar tanta cruz cuando lleva el inri de pasar la vida entre ellas, porque el Cristino, además de cobrar los seguros La Ponderosa y ejercer ad ínterim de mamporrero, matachín y esquilador, es sepulturero eficaz y displicente que cava una tumba en un decir amén y escribe sonoras cuartetas necrológicas que familiares y allegados del difunto pagan a voluntad. Ejemplo: Aquí reposa Porfirio Cascajales García,/agrimensor de gran sapiencia vivencial./Se lo llevó un cólico, quién lo diría,/mas queda su remembranza protectoral.
T.F.: ¡Vaya! Es un poeta como la copa de un pino, ¡eh?
AUTOR FINGIDO: Sí, señor, de los que ya no hay. Ahora los poetas sólo dicen sandeces y fruslerías sin sentido. ¡Qué decadencia se ha cernido sobre las letras patrias! ¡Da grima!
Para no menudear léxico en un género lírico tan recurrente y limitado, el Cristino ha hecho acopio de sinónimos al caso que tiene apuntados en un cuaderno de canutillo, intitulado Libreta Fúnebre, cuya primera página recoge la siguiente tabla de conceptos:
TUMBA: Sepultura, fosa, huesa, hoyo fúnebre.
NICHO: Oquedad fúnebre.
SEPULCRO: Túmulo, mausoleo (lujo), panteón (para varios), obra fúnebre.
MORIR: Expirar, fenecer, cascar o cascarlas, extinguirse, palmar o palmarlas, finar, perecer, espichar o espicharlas, sucumbir, diñar o diñarlas, circunstancia fúnebre.
BUENO: Bondadoso, ínclito, santo, criatura de Dios (niños), alma de Dios (en general), bienhechor, filántropo, cacho pan.

El Cristino es como un Da Vinci a lo rústico, muy versátil de disciplinas, pero lo de heredar el oficio paterno le costó lo suyo, y al principio le venían unas pesadillas de aquí te espero, que si arrancando por sevillanas entre un corro de esqueletos palmeteros, que si huidor de dráculas y fantasmas por pasillos entretumbas, que si rascarse las manos hasta descubrir los huesos mondos y lirondos, que si verse atrapado en el fondo de una fosa airona, espantos así. El Cristino no se atrevía a confesar sus terrores, el Cristino sabía que los Gainsborough eran cepa recia y no admitían melindres en la familia. El Cristino le dijo a su padre, muy taimadamente:
- Mire, señor padre, no es por ofender, pero este oficio está muy mal visto y la gente mete en el mismo saco a enterradores, cómicos de la legua y secretarios de ayuntamiento.
Fadrique Gainsborough Cembellín, alias Saltatumbas, era hombre de pensamiento profundo y sentencia lacónica, filósofo pragmático, abreviador que en la coyuntura dejó zanjado el asunto con elegancia socrática:
- El buen calamar, en todos los mares sabe nadar.
Gracias al buen consejo de su padre y a la fuerza de la costumbre, que a todo hace, el Cristino acabó dejando atrás sus malos sueños para convertirse al cabo en un sepulturero asaz completo con su deformación profesional y todo, o sea que cubre con montoncitos de tierra todo bicho muerto que topa al paso.
T.F.: ¿Hasta culebras?
A.F.: Hasta culebras. Todos son bichos de Dios, dispensando.
El Cristino tiene un huertecito en una esquina del patio de san Geliberto que da tomates muy hermosos y presumiblemente ricos en calcio y fósforo; el Cristino, vivo registro obituario, sabe de memoria datas y ripios; el Cristino, cuando se tercia, vende dientes exhumados a Potenciana Ramírez Cicutrino, alias Rasputina, hechicera prodigiosa.
Una mañanita de san Hermógenes, una mañanita de cielo revuelto y abril medianejo, el Cristino sacó a la luz los restos de don Maimón Arístides Zancada, alias Señorito Balaperdida de Camagüey, que fuera indiano golfo y rico. Nacarada y pulcra como una novicia, con colmillo áureo por propina, la muy meritoria dentadura del difunto don Maimón emocionó al rapaz camposantero, quien inopinadamente lanzó a Bóreas una feliz y antológica exclamación.
- ¡Bravo, bien va, piñata más excelente no se ha visto ni verá!
Un relámpago súbito y avisador rasgó el cielo con la furia pública de una digna suegra castellana piropeada por un lenguaraz y libidinoso peón caminero magrebí.
T.F.: Y, por las trazas, capítulo nuevo, ¿no?
A.F.: Pues no. Esto va todo de corrido, como le gusta a don Camilo, el del premio.
T.F.: ¡Ah, bueno!
Potenciana Ramírez Cicutrino, alias Rasputina, fue antes esclava de Santa Rita. En el convento de las esclavas de Santa Rita rodaba que rodaba el demonio Saracil por la celda de sor Dolorosa Crucifixión de Jesús, posesa nocturna.. Don Saracil, íncubo puntual y escénico, surgía a medianoche de un fogonazo bermejo al pie del catre de la sor, tarareando la Opus 565 de Bach y sin más atuendo que un capelo cardenalicio y unos calzoncillos de cuero con cremallera.
T.F.: ¡Qué perversidades más rebuscadas! ¡Estos diablos son capaces de hacer cualquier cosa sin el menor escrúpulo!
A.F.: Y además traía una fusta de la mano, fíjese usted.
T.F.: ¡Santos mártires Rómulo y Remo! ¿Y se liaba a zurriagazos con la pobre monja?
A.F.: Hasta hacerla gemir, una barbaridad.
T.F.: ¡Qué horror! Oiga, ¿y esa opus que tarareaba el Saracil? ¿Qué coño es esa opus quinientos y pico? Alguna canción blasfema, seguro, como la de los angelotes de Murillo.
A.F.: Mucho peor, se lo aseguro, mucho peor. Ese Bach debía ser un pendejo de los de agárrate y no te menees.
Sor Dolorosa sufría unas posesiones de mucho arrebato que la dejaban agotada y con los cueros a lo galeote. Sor Dolorosa no contaba sus padeceres, y ni sor Redención del Venidero Apocalipsis, madre superiora, ni fray Jerónimo Anasagasti Carraspera, confesor conventual, tuvieron noticia de los bruscos episodios diablescos acontecidos en la celda de la hermana posesa, que una noche de plenilunio abandonó los devotos muros a lomos del visitador Saracil vomitando maldiciones. Se ve que sor Dolorosa quedó muy endiablada, y encima del catre dejó un zurullo con tal nota transgresora: “Para el tiempo que me queda en este convento, cágome dentro”.
T.F.: ¡Santos mártires Cástor y Pólux, qué execración!
A.F.: Así es, una execración abominable y sobre todo de muy mal ver.
Potenciana Ramírez Cicutrino, de pío alias sor Dolorosa Crucifixión de Jesús, de prepío alias Fajafloja, de actual alias Rasputina, dejó los tempraneros maitines, los dulces pestiños y los violados hábitos, retornando a Peñamocha para dedicarse con fruición al cultivo de las perversas ciencias nigrománticas. El hábito no hace al monje, detrás de la cruz está el diablo, etc.
T.F.: Y el fraile en su convento, y bien adentro. Esto lo digo a colación, ya me entiende.
La Potenciana vive muy mefíticamente en el castañar de Peñamocha compartiendo choza con dos gallinas, una gata negra, un cuervo de alas cortadas y un lechón gruñidor, todos vivos, y tres culebras de agua, un bastardo, un escuerzo verrugoso, cinco murciélagos y siete lagartos, todos en frascos de formol. La Potenciana recolecta el extramonio cunetero, la belladona misteriosa, la cicuta matacónyuges, la amanita roja, la mandrágora lucreciana, la dedalera bella... La Potenciana es bruja moderna e instruida que colecciona grimorios de editoras argentinas y asiste anualmente a los congresos demonológicos de la ciudad condal.
T.F.: ¿Bañares?
A.F.: No, Barcelona.
T.F.: Ah, creí. Yo es que tengo un primo en Bañares. Pero, claro, eso no es óbice.
A.F.: Usted lo ha dicho; nada más faltaba que fuera óbice.
La Potenciana corta ramas de avellano silvestre con cuchillo nuevo en enero, recoge cencellada en mañanas de febrero, mea en las puertas de la iglesia a últimos de marzo, espanta a antojo las nubes de abril, hace excursión al monte de Blocksberg el uno de mayo, junta hierbas en solsticio de junio, junta culebras y batracios en julio, baila en porreta por la dehesa boyal las noches de agosto, decapita vencejos en septiembre, libra aojos y alunamientos comarcanos en gira promocional de octubre, rodea la choza de sal gorda en Santos de noviembre, se guarece junto a la chimenea en diciembre leyendo magias.
T.F.: Parece lo de san Fermín, ya sabe, uno de enero, dos de febrero... Tengo otro primo en Pamplona, pero este primo tampoco es óbice, claro.
Durante todo el año, recompone doncellas, moldea graciosos muñequitos de cera, vende sahumerios, untos y bebedizos, consulta a los que de vivos tuvieron mala fama, lee estrellas, entrañas, posos de café y escruta su bola de cristal, hace junta de ángeles caídos, compra dientes de difunto, etc. Cuando una tarde de cielo plañidero y abril medianejo Cristino Gainsborough Chanfaina, alias Malvaloca, llama a la puerta de la choza al ibérico ritmo de “una copita de ojén”, un relámpago súbito y avisador rasga el cielo con la furia orgásmica de una digna suegra castellana ayuntada con un lenguaraz y libidinoso peón caminero magrebí.
T.F.: Oiga, ¿usted no se repite?
A.F.: Pues no, yo hago variaciones sistemáticas.
T.F.: ¡Qué tío!
La puerta de la choza se abre con un chirrido modulado y cinematográfico. No es que la puerta se abra por virtud sobrenatural; la Potenciana es bruja competente, pero con ciertos límites, y no hay más truco que una cuerda atada al cerrojo, de la que tira desde la mesa camilla cuando llegan las visitas.
T.F.: ¡Así se puede! ¡Qué picardía!
Sobre la mesa camilla hay una bola de cristal que la Potenciana observa entre la amorosa niebla de un Farias Chico; antes de adquirir la bola en la séptima feria de muestras esotérica y de medicina natural, la Potenciana se concentraba al estilo Saint-Germain, es decir, mirando el agua de una palangana, pero la bola tiene igual prestancia y además causa un mayor efecto de profesionalidad a los sugestionables ojos de la clientela. La Potenciana deja de contemplar la esfera premonitoria y clava sus ojos azules en el rostro del empapado proveedor.
- Te tiemblan las pestañas, Cristi. Algo bueno traes.
T.F.: Oiga, ¿y la bruja no tiene voz aguardentosa?
A.F.: Pues sí, ahí ha dado usted en el clavo y además ha preparado un cruce de diálogos que puede confundir al tardo lector.
T.F.: ¡Vaya, hombre, qué mala pata!
El Cristino esboza una sonrisa truhanesca y levanta la mano en actitud demagógica. El Cristino no sería un buen orador; el Cristino debería señalar con su índice al cielo, y su índice, flácido, señala a la bruja indecorosamente. El Cristino, por desgracia, carece de un ojo, de unas piernas medidas y del precioso don del ademán.
- ¡Canela en rama! ¡Traigo canela en rama! Ni más ni menos que la piñata del libertino Maimón, una piñata aristocrática.
El Cristino deja su talega de cuero sobre la mesa con ímpetu de cantar las cuarenta, mientras Paracelso, el cuervo de alas cortadas, excreta un pequeño óbolo sobre una polaina del visitante, mientras Erzsébet, la gata negra, entra en la choza por un ventanuco, mientras Gianbattista, el lechón gruñidor, rezonga entre los muslos de la bruja, mientras Potenciana Ramírez Cicutrino, alias Rasputina, recuerda la sonada defunción del indiano.
T.F.: ¿Y las dos gallinas de la bruja? ¿Qué pasa con las dos gallinas?
A.F.: Las gallinas Montespán y Lavoisin, en el umbral de la choza, sostienen una cruenta lucha a picotazos por la posesión de una glauca y malherida lombriz.
T.F.: ¡Coño! ¡Tiene usted más salidas que un charlatán de feria!
A.F.: ¿Y acaso no son los literatos charlatanes de voz escrita?
T.F.: ¿Lo ve?
Hay muertes sin cuento, muertes muy poco logradas de las que no merece la pena ni hablar, o de las que se habla sin entusiasmo, protocolariamente: estaba ya muy mayor, el hombre; estiró la pata en la cama, sin enterarse; pues no deja gran cosa a los hijos; fumaba mucho, y claro; ahí echado parece un santo, etc. La verdad es que la mayoría de las muertes son más bien normaluchas y no dejan impronta en la memoria colectiva.
T.F.: Eso es cierto, la gente llega como muy desganada a la muerte y no se preocupa por dejar impronta en la memoria colectiva. Claro, que hay muertes que llegan así, tan de golpe... De todas formas, ya lo decía Santa Teresa: nuestras vidas son los ríos que van a parar a la mar.
A.F. ¿Ah, sí?
T.F.: ¡Hombre, claro! Santa Teresa decía las cosas con mucho hipérbaton.
A.F.: ¡Caray! Pues piense usted que eso del hipérbaton tiene su intríngulis, ya lo creo.

II

Don Maimón Arístides Zancada, alias Señorito Balaperdida de Camagüey, tuvo una muerte vistosa aunque poco vergonzante. El Maimón vino forrado de Cuba por no se sabe cuáles industrias, y compró una casona apartada de Peñamocha que al poco tiempo ya era conocida como Casa Troya. En Casa Troya, cada viernes, había conciliábulo nocturno de gentes que nadie conocía, gentes todas muy finas que vayan ustedes a saber si venían de Madrid, de Salamanca o de Betanzos.
T.F.: Tal que así como foráneos, digamos.
A.F.: Talmente. Y miembros de la Logia Masónica Refundada del Templo de Salomón.
T.F.: ¡San Juliano el Apóstata nos asista! ¡Masones!
A.F.: Así es. Persignémonos con la doble cruz de Caravaca que el Cristino lleva escrita en el paladar y en los bajos del escroto.
Los foráneos se marchaban el sábado por la mañana; durante toda la noche las luces de Casa Troya habían permanecido encendidas. El Maimón era tan misterioso como las reuniones de los viernes, el Maimón sólo salía de Casa Troya para hacer la compra, para agarrarse unas melopeas de infarto o para visitar el mal afamado club Hafrodita (con hache y todo), a dos kilómetros de Peñamocha; al Maimón tenía un bastón de marfil, un sombrero panamá, melena cana y un bigotito a lo Dalí; el Maimón tenía porte distinguido y llevaba pero que muy bien llevados sus cincuenta y tantos; el Maimón era un crápula figurín que cada semana compraba un frasco de tónico vigorizante a la Potenciana y que se ahorcó con el panamá puesto, pero en pelota, de un castaño seco después de que vinieran los señores de Hacienda con una orden de embargo. Se ve que al Maimón le gustaba la vida regalada y no pudo soportar haberse arruinado de golpe y porrazo.
T.F.: ¡Qué poca resignación tienen estos ricos! ¡Y otros desgraciaditos a patatas revolconas todo el día sin dejar escapar un mu!
Hoy ya no ocurre como antes, que ahorcaban a la menor y andando por los caminos el viajero podía toparse con cuatro o cinco ahorcados a la entrada de cualquier pueblo de mala muerte; los tiempos han avanzado que es una barbaridad y ya no se ahorca a nadie, si acaso surge de guindas a brevas algún suicida nostálgico que prefiere todas las complicaciones del método (procurarse cuerda resistente, elegir una viga o una rama adecuadas, consultar una buena enciclopedia o, en su defecto, literatura especializada si no se sabe hacer el nudo corredizo, etc.) a dejar la bombona de butano abierta, cortarse las venas o apurar el tubo de Valium. El ahorcado es como un cochino a efectos nigrománticos, las brujas aprovechan todo, hasta el semen y la soga, pero a ver qué bruja moderna tiene la oportunidad de conseguir un ahorcado, aunque fuera pagando. La Potenciana sólo pudo hacerse con la soga; los guardias civiles se llevaron el cuerpo exánime de don Maimón Arístides Zancada, alias Señorito Balaperdida de Camagüey, y lo devolvieron ya con el ataúd y todo, muy atentos. La Potenciana intentó comprar el cadáver al Cristino, pero el enterrador defendió gallardamente la ética profesional del gremio, dejando bien claro que una cosa es profanar y otra vender dientes de un muerto reglamentariamente exhumado, dientes que al fin y al cabo carecen de utilidad cualquiera y no van a ser echados en falta por nadie. La rueda de la vida da vueltas incesantemente, quizá torpemente, y la selecta dentadura del indiano difunto acabó en manos de la Potenciana, quien entre otros menesteres elabora un tónico vigorizante de notable expansión comercial en el ámbito comarcano y cuya calidad quedó patentemente demostrada en los sucesos del baile de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
T.F.: Que no nos desampare.
En el Casino Obrero de Peñamocha se juega al tute y al mus, también a la brisca y al dominó, y de vez en cuando se escucha alguna conferencia a cargo de un erudito local. Antes había más eruditos locales en Peñamocha, es curioso, lo que tienen los eruditos locales es que abundan o escasean como si dependieran de buenas o malas cosechas, en Peñamocha ya sólo queda uno vivo, don Policarpo Buenadicha Piernas, alias Sermón del Monte, buhonero retirado y folclorista que cuando tiene más de diez folios escritos se apresta a pronunciar su discurso ante un solazado público que asiente muy unánimemente cada parrafada y al término de la conferencia aplaude durante tres o cuatro minutos puesto en pie, como en la ópera, para reanudar al cabo la lúdica y consuetudinaria partidita. Agotándose junio, en la noche de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (que no nos desampare) se llena la guardarropía de chaquetas, boinas y garrotes; en el baile de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (que no nos desampare) hay un censor delegado con brazalete blanco que hace guardar la distancia de seguridad (un palmo) entre las parejas, porque siempre acude algún despabilado que intenta aprovecharse de la situación, ya se sabe; en el baile de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (que no nos desampare) del año pasado se produjeron los sucesos que conmovieron a Peñamocha.
T.F.: Aquí también se podría decir lo de la impronta en la memoria colectiva, ¿verdad?.
A.F.: No le falta a usted razón. Lo de la impronta en la memoria colectiva queda muy correcto y muy periodístico, como de telediario, y en cuestión de sucesos vale lo mismo para un roto que para un descosido.
El tónico vigorizante de la bruja Potenciana Ramírez Cicutrino, alias Rasputina, convoca con probada eficiencia el espíritu de Eros y debe utilizarse con la precaución debida, casi con cierto temor secular, pues no en vano aviva los carajos geriatrizados, resucita furores uterinos de antaño en viudas decanas, estimula hasta la desazón a desahuciadas frígidas y triunfa en buena lid frente a seminaristas prudentes que cada mañana remojan los dídimos en agua helada bajo el lema clásico Delenda Est Carthago y con la mortecina esperanza de asesinar los impuros deseos. Ni en el baile de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (que no nos desampare) del Casino Obrero de Peñamocha ni en ningún otro baile conviene vaciar un frasco del tónico vigorizante de la Potenciana en el cubo de sangría, pues ocurrirán sucesos conmovedores que dejarán una profunda impronta en la memoria colectiva y también en las conciencias; todo empieza con picores de entrepierna y turbias imaginaciones, prosigue en guiños cómplices, pellizcos clandestinos y protuberancias sospechosas bajo las braguetas, luego se empiezan a escuchar arcaicas flautas pánicas y las comadres del rincón se lanzan concertadamente a un procaz can-can de refajos al aire, y el censor delegado de brazalete blanco desaparece con la señorita de guardarropía por la trampilla del sótano en busca de mistéricas existencias, y el párroco sale con paso apresurado del casino alegando confesión de urgencia y seguido a corta distancia por la santera, y sin más dudar comienzan a escapar los pechos de los blancos y negros corsés y brotan los colorados cipotes simulando el esperado advenimiento de una primavera precipitada y exultante, y tan tremebundos impulsos desembocan en un decamerón pagano de saliva, sudor y carne, en una bacanal neroniana donde los cuerpos se amalgaman corruptamente, pecaminosamente, gozosamente.
T.F.: ¡Santos mártires Gárgoris y Habidis! ¡No entre en detalles! ¡Qué Babilonia!
Un halo de rubor y penitencia envuelve hoy Peñamocha, un halo denso y frío que resigna las miradas y colma los cepillos de la parroquia en el anhelo del supremo perdón. Bajo el halo de rubor y penitencia, una sonrisa priápica se dibuja insistentemente en el pálido rostro de Cristino Gainsborough Chanfaina, alias Malvaloca, sepulturero de Peñamocha, inconsecuente intoxicador de sangrías y novio formal de Potenciana Ramírez Cicutrino, alias Rasputina, bruja de Peñamocha cuyo tónico vigorizante ha logrado una notable expansión comercial en el ámbito comarcano.

ANEXO: Receta del tónico vigorizante de doña Potenciana Ramírez Cicutrino, alias Rasputina, y conjuro a aplicar:
2 dientes de difunto (preferiblemente ahorcado) pulverizados
1 cucharada sopera de sangre de abubilla
1 pizca de raspaduras de cuerno de toro
1 cucharada sopera de esperma de caballo
1 pizca de raíz de mandrágora pulverizada
1 puñado de flor de amapola
Todo puesto a hervir en medio litro de vino moscatel. Durante la cocción debe recitarse el siguiente conjuro:
“Oh, gran Belfagor, Príncipe de los pozos de Sodoma y Gomorra, gran Comendador Infernal, yo te conjuro por las palabras de la Gran Llave Aglon Tetragram Vaycheon Stimulamaton Erohares para que concedas el mágico poder a mi poción”.
Colar y envasar.

30 de marzo de 2008

"Noche de paz", un Cuento Desquiciado de muestra I

                                                           NOCHE DE PAZ

Los designios del Señor son inescrutables, los del Gobierno también, y cuando el Señor da mocos a quien no tiene nariz, por algo será. Ya en las postrimerías del XVI, Abundio Piojo el Soplacoños, filósofo, porquerizo y engastrimántico, definía en sus “Epístolas a mi coima ilicitana, o sea manceba de Elche” a los alguaciles como fábrica de cámaras y úlceras, emporio de ojeras y batán de esposas; hay verdades como puños. María Magdalena Miga Marazuela, esposa del comisario Gutiérrez, venga sinsabores y frustraciones de su conyugalidad suspensa solazándose en brazos de Anacreonte Cimborrio Filfa, alias Hostiado II, delincuente habitual, precisamente en una noche de Navidad. Anacreonte Cimborrio Filfa, alias Hostiado II, podría ser hombre de mediana edad, de complexión recia, buena talla, ancho de espaldas, resuelto de ademanes, firme de andadura, etc., etc., pero esto está copiado de la “Marianela” galdosiana. Anacreonte Cimborrio Filfa, alias Hostiado II, podría ser hombre ya de edad, con los riñones casi derrengados, y unas antiparras colgándole en la punta de la nariz, etc., etc., pero esto ya lo escribió Pirandello. Anacreonte Cimborrio Filfa, alias Hostiado II, podría tener la nariz entre Roma y Francia, las barbas descoloridas de la barba vecina, el gaznate largo como de avestruz, etc., etc., pero ya se conoce la autoría de tales palabras. Resolviendo, en definitiva, que cualquier descripción de este tipo posiblemente ya haya sido impresa, se invita (empero no se conmina) al paciente lector, al oligrofénico lector, al impío lector, al místico lector, al filatélico lector, al iconoclasta lector, al bibliófilo lector, al pedófilo lector, etc., etc., a imaginar el retrato de Hostiado II según antojo.
- Anacreonte, Anacreontito, Anacreontuelo, descorchemos una botella de Segura Viudas semi-seco antes de que invadas mis cráteres con tu prepucio, tu pucio y tu pospucio.
- ¡Sí, fervientemente, muellemente, profundamente! Pero antes, Magdalena, Magdalenita, Magdalenuela, esnifemos unas rayas de cocaína decomisada en la exitosa “Operación Percebe”, esa cocaína dulce, escamosa y de gran calidad, calificada en círculos marginales como “ala de mosca”, que tu marido oculta en los cinco jarrones falsos de la dinastía Ming decomisados en la celebrada “Operación Pequeño Saltamontes”.
- Tus deseos son órdenes para mí, gran semental de gloriosos compañones. Acudo pues en busca de la citada sustancia estupefaciente como alma que lleva el Diablo. ¿Puedo agradarte en algo más, cariño?
- ¿Sabrías decirme quién ganó la prueba de pentathlon en los Juegos Olímpicos de 1972 celebrados en Munich, antigua R.F.A., igualmente moderna R.F.A.?
- No.
- ¡Vaya!
La terca rueda de la vida, en sus vueltas premeditadas y alevosas, gira y gira inexorablemente, manejando al hombre como a un títere de guiñol y enfrentándole de sopetón con trances de muy distinta catadura. Ya se avisa en El rey Lear: como moscas en manos de niños revoltosos son los hombres para los dioses. El político puede estar muy ufano en tanto una becaria succionadora habite entre las patas de la mesa de su despacho, pero también puede ser muy desgraciado cuando se investiguen las causas de su patrimonio. El obispo puede gozar ante un coro de catecúmenos senegaleses entonando el “Oratorio de Navidad” de Juan Sebastián Bach en viva pelota, pero puede sufrir indeciblemente si no presta la debida atención a determinados calibres. El escritor puede sentirse en la gloria ganado el Planeta, pero el estómago puede revolvérsele cada vez que recuerde las excesivas ingestas de semen. El delincuente habitual puede creerse el rey del mundo aspirando farlopa entre las mamellas pecuarias de la mujer del comisario Gutiérrez y descorchando acto seguido una botella de Segura Viudas semi-seco, pero si el corcho, después de rebotar en el techo, impacta con furia sarracena contra el bálano de su carajo erecto mientras que simultáneamente se oye el rasgueo de una llave penetrando en una cerradura, nota que Atlas le ha pasado el relevo (léase ahora esta frase con prevención y detenimiento).
- ¡Oh, tamaña desventura! ¡Abortóse el anhelado coito! ¡Císcome en san Apapucio Mártir, protector de las disfunciones eréctiles, y también en su padre!
- ¡Huye! ¡Huye antes de que mi marido descargue su arma reglamentaria a bocajarro sobre tu piloso escroto! ¡Debes saltar por el balcón, como en las películas de espadachines!
- ¡Juro que volveré para comerte el mondongo, mi tocinito del cielo!
- ¡Dios te oiga, mi bollo suizo!
- ¡Banzaiii…!
Un providencial manto de nieve amortigua la muy vistosa caída a pies juntos del tenorio, y en un instante infinitesimal Hostiado II, a pesar del crujir encadenado y siniestro de toda su osamenta, siente la satisfacción del gimnasta que remata con éxito su ejercicio. Lástima que en un aciago movimiento de retroceso su cabeza golpee contra una farola neomodernista de hierro fundido acorde con los criterios urbanísticos del casco histórico-artístico de la ciudad. En ocasiones, las farolas neomodernistas de hierro fundido acordes con los criterios urbanísticos de los cascos histórico-artísticos tienen sus inconvenientes. Se apaga la bombilla de la farola, unas botas militares proporcionan bautizo prematuro y duplicado a un naciente chichón, caen del balcón del segundo, tras las botas, pantalones y cazadora de cuero, gayumbos tanga atigrados, camiseta con el eslogan I love cunt, cartera de plexiglás naranja. Como un borrón de tinta entre la nieve, un personaje de negras vestiduras, andar brincador y mueca descompuesta, coloca una escalera de tijera entre el herido y la farola, aprestándose en cambiar la bombilla entonando el celebérrimo villancico “El tamborilero” (porque este es un cuento navideño por excelencia). Antes de marcharse una vez cumplida su misión, el jovial farolero, no menos extraterrestre que l’allumeur contado por Antoine de Saint-Exupéry, palmea a dos manos sobre el creciente y solicitado burujón de Hostiado II al son ameno de ropopopó, ropopopó. El herido, en su aturdimiento, anuncia a media voz el neologismo “cabrullo”. El Vaquilla, de paso por el lugar tras una nueva fuga, recolecta una cartera de plexiglás naranja y, mientras no se demuestre lo contrario, también huérfana. Una brigada del voluntarioso Ejército de Salvación hace alto junto al herido, cubre con una manta su cuerpo corito e interpreta el reconfortante himno evangélico “Roca de la Eternidad”. Una brigadista ha recordado las palabras petronianas o seudo-petronianas: “¡Oh, joven de bríos! Sin duda puede iniciar su tarea la víspera y tiene hasta el otro día… Tan cierto es que valen más ingles que ingenio”. Un comisario asomado al balcón del segundo disuelve pacíficamente la manifestación lírico-filantrópica con la proclama: “¡Despejen la zona, mamarrachos!”. Porta el comisario Gutiérrez en la zurda unos calcetines de feliz tono aguamarina marca Lacostre, prueba del delito; en la diestra, empuña su arma reglamentaria. Ya disuelta pacíficamente la manifestación lírico-filantrópica, el comisario Gutiérrez se atusa el bigote y, brazos en alto, libera su oratoria sentida y restallante:
- Anacreonte Cimborrio Filfa, alias Hostiado II o bien Hostiado Junior, chorizo de poca monta, sans-culotte, desdichado, individuo, escucha mi canto, que a los efectos puedes considerar de sirena. Canta tú al término de mis edificantes palabras, si lo deseas, y a los efectos podrás considerarte un cisne. Bien, una vez expuesto este breve laudo introductorio, comienza el discurso propiamente dicho. Por ende, gañán, ruego tu atención. En el año del Señor de 1607, don Francisco de Quevedo y Villegas, hijo de don Pedro Gómez de Quevedo y de doña María Santibáñez, empero no conocido como Francisco Gómez Santibáñez, vete tú a saber por qué cojones, don Francisco de Quevedo y Villegas, decía, escribió “El alguacil alguacilado”, equivaliendo en este caso el adjetivo, por mor del afilado sarcasmo del literato madrileño, a endemoniado. Pues bien, el quebranto del voto de fidelidad matrimonial por parte del zorrón de mi señora, o sea la ofensa de los cuernos, ha instalado en mi ser el demonio de la ira, convirtiéndome en la versión moderna y viva del Sueño quevedesco. Ante tal coyuntura, como único exorcismo y remedio, sólo me cabe finar tu miserable vida, oh, desdichado, para recuperar la serena quietud de mi alma pía. Quisiera tener una guillotina para cercenar tus genitales, quisiera tener una cuerda para ahorcarte por los genitales, quisiera tener un suspensorio eléctrico para descargar doscientos o trescientos mil voltios en tus genitales, quisiera sumergir tus genitales en una pecera de pirañas, etc., etc., pero Dios no siempre atiende los deseos de sus humildes siervos, y en estos momentos carezco de la infraestructura necesaria al caso. Resuelvo, por tanto, vaciar el cargador de mi arma reglamentaria, a ser posible instalando dos balas en tu sesera, otras dos en tu corazón, y un último par en tus testículos. Dura lex, sed lex, fantoche. Añádase que a cada cochino le llega su san Martín.
- ¿Puedo solicitar una última voluntad?
- Sí, Dios mediante. Pero ten cuidado, porque la avaricia rompe el saco.
- En estos momentos de cuita (1ª acepción en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua), es mi solemne cuita (2ª) cascarme con vehemencia frebil uno de los Cohibas decomisados en la publicitada “Operación Mojito”, primorosos habanos que usted guarda en la urna funeraria que presuntamente contiene las cenizas de su difunto padre, en paz descanse.
- Bien, Hostiado II u Hostiado Junior, has solicitado tu última voluntad, lo cual no significa que sea cumplida, porque Dios no siempre atiende los deseos de los macarras de mierda. Añádase que no se hizo la miel para la boca del asno, no se debe echar perlas a los cerdos, etc., etc. Muere ya sin más preámbulo ni dilación, pues no soy amigo de las despedidas largas; por otra parte, ya dijo Jorge Luis Borges que la despedida es un énfasis, una insensata fiesta de la desdicha. Alea jacta est, pollaboba.
Los designios del Señor son inescrutables, los del Gobierno también, los del autor también, y si una bala descarriada rompe la cazoleta de una farola neomodernista acorde con los criterios urbanísticos del casco histórico-artístico de la ciudad, una segunda bala descarriada agota la séptima vida de un gato siamés, una tercera bala descarriada arranca la oreja derecha a Raphael, una cuarta bala descarriada perfora el bazo de El Vaquilla, una quinta bala descarriada atraviesa mano y trompeta de un soldado del Ejército de Salvación, y una sexta bala descarriada derriba a un noctámbulo muecín de su alminar, es porque el Señor así lo quiere, y santas pascuas.
Como espermatozoide, corre tarumba y sin descanso Hostiado II, y sus pies desnudos aplastan decididamente la gélida nieve, el canino excremento, el humano zurullo, la equina bosta, la vacuna boñiga, el ovino sirle. Como buscapiés, corre tarumba y sin descanso Hostiado II, y se le creería servicio de urgencia si su floreciente tolondrón dispusiera de aparato luminoso. Como el precio de la gasolina, corre tarumba y sin descanso Hostiado II, y a la vuelta de una esquina arrolla a una viejecita de aspecto venerable que acude levitando a su millonésima Adoración Nocturna. La condición humana es muy curiosa y variopinta; un delincuente habitual puede tener sus principios, y no es baladí que el reciente ensayo del insigne historiógrafo Marcelino Jodorosky “Me muero por tus cachas, sandunguera” presenta incluso algunos casos de políticos con principios. Así, la redentora luz de la conciencia detiene la huida de Hostiado II, caballero español al fin y al cabo que, entre mil disculpas, se apresta a incorporar a la viejecita, a interesarse por su estado, a recoger las dispersas cuentas del rosario, las dispersas piezas de la dentadura postiza y el vibrador “Sensor” de 3 velocidades y depósito incorporado, 25 cms., que salió despedido de su bolso de mano. La viejecita de aspecto venerable recibe con cordialidad todos los enseres de manos de su involuntario agresor, y, dirigiéndole la encantadora sonrisa de la madre que limpia por primera vez el meconio de su infante, le regala semejante patada en la descubierta entrepierna que el proyectado grito salvaje de Hostiado II queda ahogado por la inopinada ascensión de los dídimos al conducto faríngeo. La viejecita de aspecto venerable implora entonces ayuda a las instancias celestes, terrestres y soterranas con muy esforzada diligencia
- ¡Socorro, policías locales, policías nacionales, guardias civiles, geos, legión, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en resumidas cuentas! ¡Auxíliame, Cristo del Gran Poder, ante los embates ciegos de este exhibicionista morboso! ¡Gran Belcebú, suelta todos tus enjambres sobre este gamberro! ¡Mayday! ¡Mayday!.
en tanto aporrea dedicadamente el orográfico chichón de Hostiado II con su vibrador “Sensor” de tres velocidades y depósito incorporado, 25 cms., cuyas aplicaciones en el terreno de la defensa personal no deben ser puestas en duda. Susodicha pirula artificial que una séptima bala descarriada decapita sin contemplaciones, porque el destino de las balas del comisario Gutiérrez es inescrutable como los designios del Señor, del Gobierno, del autor, del Vaticano, etc., etc.
- ¡Despeje la zona, vejestorio! ¡Alto en nombre de la ley, hijoputa!
Corre Hostiado II. En cueros como padre Adán, dibujando paréntesis en el espacio como John Waine, renqueante como un secretario de notaría, corre empero Hostiado II con el aliento de la bestia herida, y en su desesperada carrera derriba de una bolichada a un grupo de turistas japoneses que simultáneamente consiguen fotografiar al fugitivo antes de estrellar sus cabezas contra el asfalto, luego a un grupo de estudiantes oxfordienses que simultáneamente consiguen eructar el abecedario inglés antes de estrellar sus cabezas contra el asfalto, y por último a un grupo de harekrishnas que, ante la visión de unas nalgas con carne, simultáneamente sufren el síndrome de Sthendal antes de estrellar sus cabezas contra el asfalto. Corre Hostiado II su maratón de fugitivo hasta dejar atrás las luces de la ciudad y las balas del comisario Gutiérrez. Corre Hostiado II hasta caer exhausto junto a los contenedores de basura del club nocturno “El clítoris rampante”. Reputado establecimiento del cual sale el ilustre moralista patrio conocido como Padre Apeles, quien dirige a Hostiado II las teologales palabras que en este texto reunimos bajo el epígrafe:
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Gabriel Cusac

7 de marzo de 2008

Cuentos Desquiciados. Noche de Paz II

Sermón del puticlub

Observa, Sumo Hacedor, a este zurriburi, impunemente tirado a picha suelta, con ese huevo de pascua encima de la molondra, inicuo y grotesco epítome de la mundanal degeneración, aquí expuesto cuando aún retumban en los fervorosos corazones las campanadas de la solemne misa del gallo, cuando el orbe cristiano celebra en estas fechas la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Cómo obrar frente a este pecador en bolas y todo castañón, como Noé después de la vendimia? ¿Acaso es digno de misericordia? ¿No deberíamos invocar a la ira divina y patearle la cabeza en este mismo instante?… Yo afirmo rotundamente: ¡no!. Pues una reflexión pragmática y atenta a los intereses corporativos nos conduce a las siguientes preguntas: ¿qué coño sería de nosotros, pobres clérigos, si no hubiese almas que rescatar? ¿qué chollo, qué prebenda, qué sopa boba nos buscaríamos entonces, ya tan colmadas las canteras políticas, ya comprados todos los títulos nobiliarios? Un estricto respeto profesional hacia los cánones lógicos y deontológicos del gremio me guía: es mi sacrosanto deber seguir manteniendo el negocio, nada más jodiera. Procedo por consiguiente a tu redención, piltrafa humana; regocíjate por ello.
Ya lo dicen las Sagradas Escrituras en Romanos: “Andemos como el día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias”. Ya lo dicen las Sagradas Escrituras en Gálatas: “Andad en el espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas”. Y si no es por las buenas, por las malas. Ya lo dicen las Sagradas Escrituras en Joel: “Despertad, borrachos, y llorad, porque el vino es quitado de vuestras bocas”. Hala, machote, ya está; ¿qué más te puede decir este cura que no digan las Sagradas Escrituras?. ¿Te sientes mejor, hijo?

- Por mí le pueden dar por culo, padre.
- ¡Huy, lo que me has dicho, hijo!
Rebusca el Padre Apeles en los entresijos de la sotana, exhumando un puño americano, un rosario de cuentas de acero y un bate de béisbol, kit de la fe contra la dureza de los corazones paganos. Hostiado II, pagano de tomo y lomo, adopta la posición fetal, ya resignado a su redención. Sin embargo, no se cumplen los deseos del perverso lector, y el inconmensurable mojón craneal de nuestro entrañable personaje no revienta al primer porrazo liberando un mini-hongo atómico. Llega ya el milagro (porque este es un cuento navideño por excelencia) y una luz cegadora ilumina la escena en el mismo momento en que el Padre Apeles alza su bate conversor como Sansón debió alzar la quijada contra los filisteos, y unos angelitos con Dodotis tocan sus clarines arracimados en torno al haz luminoso, y el sobrenatural prodigio orna apoteósicamente las presentes páginas devotas con ribetes hierográficos. Prodúcese por fin la tierna estampa esperada, apareciendo a las puertas del puticlub los Reyes Magos de Oriente cabalgando sus camellos, mientras una estrella lazarilla, con su estela de tres puntas y todo, se posa con delicadeza sobre el tejado de “El clítoris rampante”. Obsérvese que la política es el oficio de los hombres sin oficio (Jardiel Poncela), que un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre (Aldous Huxley), y que los textos sagrados realmente no nos hablan del aspecto de los Reyes Magos (la vecina del 6º). Pues bien, Melchor es un calco de Yaser Arafat, Gaspar parece gemelo del coronel Gaddafi, y Baltasar es talmente Saddam Husayn tiznado. Los tres descabalgan de sus acémilas a un tiempo, muy coreográficamente, en tanto el Padre Apeles y Hostiado II se postran de hinojos ante SS. MM., léase Sus Majestades.
Late enloquecidamente el corazón de Hostiado II, late al alimón su chichón, esta frase no es de ningún cantante moderno. Y un baño indescriptible de dicha inunda su ser cuando los Reyes Magos le entregan sus anticipados regalos: trae Melchor una palanca, trae Gaspar una cizalla, trae Baltasar un cortacristales, y los tres artículos son de la inefable casa “Bellota”. Hacía tiempo que no lloraba Hostiado II. Aproximadamente 23 años.Cae la nieve como maná purificador de los pecados del mundo. Un viento de concordia y solidaridad invade los espíritus, convirtiendo el mes postrero en la benéfica primavera de los donativos. Reos y vigilantes de prisiones, gitanos y guardias civiles, asilados y monjitas de la caridad, magrebíes y neonazis, merengues y culés, yernos y suegras, drag-queens y socios numerarios del Opus Dei, todos olvidan sus diferencias fundiéndose en un abrazo y entonando emocionadamente el “Adestes fideles”. Silban tres balas descarriadas. Y republicanas.

Gabriel Cusac