Mostrando entradas con la etiqueta Talaván. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Talaván. Mostrar todas las entradas

25 de octubre de 2020

Sobre los "ángeles malos" que supuestamente fueron creados buenos

 

La cúpula "maldita", imagen de Eloy Díaz Redondo

Con mayúsculo asombro he escuchado a nuestra infatigable Rosa dar por hecho que los “ángeles malos” eran originalmente “ángeles convencionales”. Razones: el análisis químico de las pinturas demuestra que hubo dos intervenciones, una a mediados del XIX y otra “a partir de 1929” (extraña datación). Sin ser experto en nada, no entiendo muy bien el encadenamiento lógico que llega a establecer esta conclusión. Y expongo mi contraargumento. O el de Roberto Domínguez Blanca, autor del primer informe científico sobre la ermita del Santo Cristo,  porque pensamos lo mismo.

No hace falta ser un historiador del arte para darse cuenta de que todos los personajes esgrafiados -ángeles malos, ángeles tenantes de las Armas Christi y del medallón de la mujer con toca (y sé que todos los ángeles deberían ir entrecomillados), ella y su pareja, el hombre gato- pertenecen al mismo autor. Lo delata, sobre todo, esa línea única, tan peculiar como rústica, que enlaza cejas y nariz. Esta evidencia, tan sencilla, nos debe hacer pensar en repases de pintura sobre los trazos originales. Si un pintor hubiese querido reformar el programa decorativo de la cúpula, transformando “ángeles buenos” en “ángeles malos” las figuras serían completamente distintas no solo en su temática, sino también en su dibujo, en su técnica. Transformación iconográfica radical, por otra parte, que resulta difícil, muy difícil, de justificar, y que en todo caso la datación de las pinturas no prueba. Transformación iconográfica que me creería si, por ejemplo, en la casilla del ángel borrado, el desaparecido, hubiese algún resto de la alegre melenita que lucen los ángeles tenantes de los medallones. Transformación iconográfica que sigue siendo una teoría respetabilísima, porque es cierto que el coro de serafines respondería a la ortodoxia. Pero creo que los esgrafiados de la ermita del Santo Cristo son una invención tan original, tan particularísima, que alcanza de pleno la heterodoxia.

Además de que no existe evidencia física alguna de “ángeles buenos” en la cúpula, hay otra pista que me hace creer en la maldad original de nuestros encantadores bichitos. Son esas muecas/muescas tremendas, esa profusión de “paréntesis” esgrafiados que rodean las bocazas, queriendo destacar la expresión de horror. Si fueran serafines cantando, bastaba con que tuvieran las bocas abiertas. Pero esa multiplicación expresionista de muecas pronuncia su condición de sufrientes, de castigados. De réprobos.

La mujer con toca y su angelito híbrido, imagen de Juan Carlos Pérez Hernández

Puedo equivocarme, por supuesto. Aunque sigo en mis trece. Hay técnicas muy avanzadas, como la radiación infrarroja, que permiten radiografiar las obras de arte. Ya he dicho que no soy experto en nada, ni tan siquiera estoy seguro de que la técnica citada pudiera aplicarse al corrillo de ángeles malos. Pero concluir que la datación de las pinturas nos desvela “ángeles convencionales” me parece una temeridad. Ruego, en todo caso, que Talaván, Historia Viva publique íntegro el estudio químico en la página de la asociación.

Y un último apunte. Que tenga o no tenga razón es lo de menos. Lo que deseo con todas mis fuerzas es que la rehabilitación de la ermita del Santo Cristo se produzca cuanto antes. Porque su ruina es un tumor del alma. Y nos estamos enfriando con tanta mierda burocrática. Que el otoño y el invierno sean leves para nuestros pobres angelitos, para la mujer con toca, para el hombre gato. Salud.

Gabriel Cusac Sánchez

20 de diciembre de 2019

De Béjar a Talaván: una odisea cultural. Artículo publicado en la Revista del Centro de Estudios Bejaranos, nº XXIII, diciembre 2019.




 
Exterior de la ermita del Santo Cristo del Ejido. Destaca el curioso remate piramidal de la cúpula (Imagen de Juan Carlos Pérez Hernández)

¿Qué nexo une Béjar con el lejano Talaván, lugar cacereño de Los Cuatro Lugares?  ¿Qué tiene que ver el Centro de Estudios Bejaranos con una ermita situada a más de 100 kilómetros de nuestra ciudad? A veces el mundo de la cultura mueve afanes solidarios, tejiendo hermosas historias como la que voy a contar. Fue Talaván nueva Cólquida, fueron un puñado de bejaranos insospechados argonautas, y la rehabilitación de unas ruinas -que no un robo mitológico, a tanto no llega la metáfora- sigue siendo el dilecto Vellocino de Oro.
La ermita del Santo Cristo del Ejido, a las afueras de Talaván, pero vecina próxima de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, amén de ruinosa, es de fábrica pobre. No se tendría en pie sin el auxilio de los distintos contrafuertes que la sujetan. Se alza en mampostería de pizarra y arenisca, con parches de ladrillo; la piedra de sillería solo está presente en la puerta de entrada y en los dos arcos diafragmáticos del interior: uno divide la nave; el otro separa a ésta de la cabecera. Dicha nave, como la sacristía, está descubierta; la bóveda de la capilla mayor, leprosa de grietas y de verdín, tiene la circunferencia descabalada de un balón pinchado. Algunos grafitis ensucian el encalado de la sacristía y del presbiterio. Un espacio inculto, donde antes estaba enclavado el antiguo cementerio, ofrece al visitante un proemio de desolación. Unos nichos de torpe ubicación, abiertos, inoportunos y obscenos, se adosan en el lado de la epístola, apenas entrar en el viejo templo. Entonces, ¿qué coño merece la pena de esta ermita? ¡Ay, amigos! No os lo podéis perder. Porque estos muros humildes, afligidos por un abandono secular, son el cofre del más inverosímil catálogo de esgrafiados que pueda encontrarse en la iconografía patria. No se trata de ninguna hipérbole.
 
Panorámica de la espectacular decoración de la cúpula (Imagen de Eloy Díaz Redondo)
 Grotescos, sin parangón, ingenuamente terroríficos, una cenefa de monstruos alados convierte la cúpula herida en un nido de pajarracos bosquianos. Se trata de veinte “réprobos” o “ángeles malos” -en origen veintiuno; debemos la baja a los estragos de la humedad-, veinte rabiosos monigotes, de bocazas vociferantes y colmillos vampíricos, de ojos desorbitados y expresión enloquecida, excesivos de alas y tocados con unos graciosos gorritos con borla, ninguno igual a otro, pero todos parecidos (seguramente porque fueron hechos sin plantilla, a pelo). Los gorros, como las fauces réprobas, están pintados de un carmesí chillón, estridente. Tan infernal escuadrilla ofrece la impresión de haber sido diseñada por un niño; el artífice no era Michelangelo Buonarroti. Bajo ellos -y no puedo decir bajo sus pies, ni bajo sus garras, porque hablamos de bustos alados-, entre boceles, una leyenda en latín con reminiscencias del libro de Isaías se refiere al sacrificio de Cristo y, a continuación, nos ofrece la fecha del 15 de marzo de 1628, data probable del término de la decoración y, por ende, de las obras. Sobre ellos, el esgrafiado cede a la geometría (aunque inexacta, debido a la deformidad de la cúpula), y una red de casillones con rosetas avanzan hasta el remate de la bóveda vaída, resuelto en un disco que a su vez encierra un gran floripondio multipétalo: el efecto es hipnótico.
Aunque el corro de “réprobos” o “ángeles malos”, por su rareza y espectacularidad, resulta lo más llamativo del cartel, otras figuras completan el conjunto de esgrafiados de la ermita del Santo Cristo. En las paredes de la capilla mayor, los desconchones del encalado nos permiten descubrir secuencias del programa decorativo oculto. De este modo, en el arranque de la bóveda, bajo la leyenda bíblica, asoma con intermitencia un friso de medallones con distintas Arma Christi, ya sin pintura añadida; solo los clavos y las escaleras de la Pasión se muestran con claridad, aunque pueden distinguirse otros elementos como las tenazas o los flagelos. Unos seres híbridos, una especie de ángeles con cola vegetal, son los tenantes de estos medallones. Así mismo, en la pared del altar, reaparece la malla de casetones con rosetas, ahora con la regularidad que permite la superficie. Las celdillas, pero en este caso vacías, se repiten en toda la nave.
 
Dos réprobos (Imagen de Eloy Díaz Redondo)
Ya en lado del evangelio de la nave, y en sendas enjutas del arco diafragma que la divide, otros dos medallones captan poderosamente la atención, dada la singularidad de sus habitantes. Se trata del “hombre gato” y la “mujer con toca”. El trazo nos indica la misma autoría que el resto de las figuras esgrafiadas. Seguimos la descripción de tales figuras a cargo de Roberto Domínguez Blanca: “El que mira a poniente tiene rasgos que se antojan felinos, con un bigote hirsuto y una especie de sombrero hongo. En la vestimenta, con decoración de espiga, se advierte la botonadura. El medallón que mira a levante contiene ahora una cabeza femenina, antropomorfa pero igual de inquietante. Aparece tocada y envuelta en una capa, también decorada con motivos de espiga que deja ver la botonadura”. Sobre su significado, otro experto, Samuel Rodríguez Carrero, afirma que, en correspondencia con el resto del programa iconográfico presente en la ermita, ambos personajes serían respectivamente un soldado romano y una de las mujeres de la Pasión: “Sería completamente anacrónico el hecho de que este personaje masculino [el “hombre gato”] portase un sombrero inventado a mediados del siglo XIX, si bien entre los sombreros propios del siglo XVII y contemporáneos al esgrafiado destacaban los de ala ancha, los tricornios o sombreros de tres picos, o el característico sombrero capotain, invención española adoptada particularmente por los colonos de Estados Unidos de América. Se asemeja, por el contrario, con el casco español propio de la época, diseñado en forma cónica y denominado morrión. No dejaría de ser habitual la representación de personajes históricos según las modas preponderantes en la época de la creación, de tal manera que no sería ilógico suponer que este posible soldado siguiendo las directrices militares de la Edad Moderna castellana, con bigote retorcido y perilla como el propio rey Felipe IV gustaba de lucir, fuese la representación de uno de los soldados romanos que castigó a Jesús en su camino al Calvario, idealizado así por el pintor al igual que otro artista mundial y archiconocido contemporáneo a él, Diego de Velázquez, reflejase a su mitológico y clásico Marte como capitán de los tercios, tocado con lujoso morrión y bigote retorcido. De igual manera sería fácil pensar por tanto que el personaje femenino ubicado ya en el tramo medio, tocado con lo que se asemeja a un rebocillo alrededor del rostro y sobre la cabeza, podrían ser una de las santas mujeres que acompañaron a Jesús a lo largo de la Vía Dolorosa, entre las que se encontraba su propia madre Santa María”. Por su parte, el profesor José Julio García Arranz considera más probable que los medallones encierren el retrato de benefactores de la ermita.
El "hombre gato" (Imagen de Juan Carlos Pérez Hernández


Ya vemos que la interpretación iconográfica puede resultar apasionante. Otro tanto ocurre con las criaturas de la cúpula. Roberto Domínguez Blanca y yo compartimos la opinión de que se trata de réprobos, de condenados al Infierno, siendo los retoques posteriores fruto de un desafortunado intento de restauración sobre los trazos originales. Así nos los parece indicar una serie de indicios: aunque particularísimos, una invención individual en todo caso, los réprobos estarían en consonancia con una didáctica contrarreformista, como corresponde a su tiempo; si el programa decorativo, la leyenda y la misma advocación de la ermita se refieren a Cristo y a su sacrificio, ellos, sufrientes, horrorizados, representarían lo que sucede despreciando ese sacrificio. Las alas, en una metáfora ancestral, nos indicarían que son almas. Los gorritos pintados son, con toda probabilidad, las corozas que portaban los condenados a las hogueras de la Inquisición. Y, sobre todo, pensamos que una intervención posterior que transformase a primitivos ángeles en lo que vemos ahora, sería la gamberrada del siglo -una gamberrada, por lo demás, que precisaría planificación y mucho tiempo de trabajo-, algo inconcebible. No obstante, el citado José Julio García Arranz interpreta que el aspecto actual de las mismas es fruto de una transformación icónica realizada durante el primer tercio del siglo XIX; inicialmente se trataría de un coro de serafines. Su opinión, por supuesto, es tan respetable como la nuestra. Saludable polémica que algún día -esperemos- será resuelta en las labores de restauración.
Después de este vistazo rápido -y a todas luces insuficiente; por favor, acérquense a Talaván cuando les sea posible- a la ermita del Santo Cristo del Ejido, toca hablar de la aventura solidaria a la que nos referíamos en el principio del texto.
La "mujer con toca" (Imagen de Juan Carlos Pérez Hernández)


Descubrí la ermita en un programa televisivo emitido el 17 de septiembre de 2012, Cuarto Milenio. Y no tardé en visitar la ermita. A partir de entonces, el lugar se convirtió en una obsesión. No concebía que un ejemplo iconográfico curiosísimo, sencillamente único, estuviera sometido a semejante estado de abandono. La maleza cubría toda la nave, había basuras por doquier, huesos en los nichos abiertos, una higuera enorme obstaculizaba el paso y tapaba con sus ramas al “hombre gato”. Pero, sobre todo, la pobre estructura del templo amenazaba -y sigue haciéndolo- con venirse abajo en cualquier momento, convirtiendo en irrecuperable el singular catálogo de esgrafiados. A pesar de mis escasos conocimientos artísticos, a pesar de ser un mindundi, decidí luchar para que esto no ocurriera. Y busqué apoyos. La desidia de las instituciones públicas en temas culturales es algo previsible; pero nunca imaginé la magnificencia de la respuesta popular, de la gente, amigos y desconocidos que se sumaron a la causa, que compartieron y comparten un mismo afán en esta odisea inconclusa.
No dudaron Antonio Avilés Amat ni Roberto Domínguez Blanca, presidente y secretario respectivamente del CEB, en acompañarme a Talaván una mañana de febrero de 2013. Quedaron maravillados con el descubrimiento de la ermita. Desde ese momento, el marchamo del Centro de Estudios Bejaranos se convirtió en el soporte principal de la causa.
Las primeras acciones se desarrollan con celeridad. Ese mismo mes sale a la luz el informe pionero de Roberto Domínguez Blanca sobre los esgrafiados del templo. Carmen Cascón Matas, vicesecretaria del CEB, utiliza este informe para dirigirse a Hispania Nostra; en abril de 2013 se consigue incluir la ermita en la Lista Roja del Patrimonio. Igualmente, el CEB hace oficial su participación a favor de su rehabilitación, poniéndose en contacto con la Diputación de Cáceres y con Mª del Pilar Merino, Directora General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Extremadura. La reacción política, como comprobaremos, fue miserable, quedando reducida a buenas palabras y promesas vacías. En junio, de nuevo Carmen Cascón se curra una colecta de firmas en Change.org; al cabo se recogerían más de cuatrocientas. Me estremezco ahora, se me eriza la piel cada vez que recuerdo la rápida, eficiente y desinteresada participación de Antonio, de Roberto, de Carmen. Mil gracias. Así da gusto. Así se siente la cultura como algo vivo, dinámico. Así se entiende, también, la solidaridad. Todo un ejemplo.
En paralelo, se produce una notable proyección mediática. El tema aparece en las plataformas digitales hoy.es, bejarfm.es y bejar.biz, en el periódico Vivir Extremadura y en el espacio radiofónico Tercer Milenio. Pero, sobre todo, dada su gran audiencia, merece una mención especial el ya mencionado programa televisivo Cuarto Milenio, en su edición del día 14 de abril, donde el presentador Iker Jiménez realiza la lectura de una carta que le envié alertando sobre el peligroso estado de la ermita del Santo Cristo. A su vez, en Talaván comienzan a despertarse conciencias. El ayuntamiento talavaniego procede a la limpieza y desbroce de la finca, y varios paisanos -Antonio Barco, José Muñoz, Mª Rosario Jiménez, Carmen Jiménez o Manuel Sánchez, entre otros- difunden a través de las redes sociales la necesidad de acometer urgentemente las obras de restauración. Precisamente del talavaniego Manuel Sánchez parte la iniciativa de enviar mails personalizados a José Antonio Monago, presidente de la Junta de Extremadura.
Pasa el tiempo, y las autoridades patrimoniales extremeñas, como el propio Monago, se pasan por el forro nuestras peticiones. Dale a Gil la vara de alguacil. Cuántas personas conozco, gentes de a pie o expertos en historia o en arte, que se habrían dejado la piel buscando soluciones. En fin. Hacían falta propuestas imaginativas, y en febrero de 2014 se inicia La Cadena, campaña digital de textos enlazados, donde un primer autor daba paso a un segundo, éste a un tercero, y así sucesivamente. Esta cadena se inició en dos tramos simultáneos, el bejarano, a cargo de Carmen Cascón, y el extremeño, con un detallado informe técnico de Samuel Rodríguez Carrero. Acabaría participando gente de toda España, en su mayor parte blogueros. Creo que es de justicia que aquí figuren sus nombres, y espero no dejarme a nadie en el tintero. Además de Carmen Cascón y Samuel Rodríguez, colaboraron Jesús López Gómez, José Manuel López Caballero, Antonio Avilés Amat, Ángela Asegurado García, Cristóbal Medina Montero, Juan de la Cruz Mayo, Luis Rodríguez Martín, Francisco Javier Ceballos Alba, Tomás Aguilera Durán, José Muñoz Domínguez, Ainhoa González de Alaiza, Guille Blanc y José Muñoz González. Otra de las aportaciones que quiero destacar es la de Eloy Díaz Redondo, quien posiblemente haya realizado el reportaje fotográfico más exhaustivo sobre la ermita del Santo Cristo. Como internet es un sindiós, hay decenas de sus fotos circulando por las redes sin que sea mencionada la autoría. Otra excelente galería de imágenes sobre la ermita corre a cargo de Juan Carlos Pérez Hernández, fotógrafo también afincado en Béjar.
Llega octubre de 2014. Parece que dos años de lucha van a dar su fruto. Pilar Merino, Directora General de Patrimonio, llama al Ayuntamiento de Talaván anunciando la inclusión de la ermita en el Catálogo de Bienes de Interés Cultural de Extremadura.  Poco después, Juan Antonio Vera Morales, arquitecto del Servicio de Obras y Proyectos de Patrimonio, realiza una Memoria valorada de intervenciones de urgencia en la ermita. Y ya a principios de 2015, por parte de la Junta de Extremadura se anuncia una partida presupuestaria para la mejora del patrimonio eclesiástico extremeño. La ermita del Santo Cristo de Talaván figura en la lista.
Todo maravilloso. Y todo falso. La ermita no fue declarada BIC. Las obras nunca llegaron. Las promesas se explican porque había elecciones autonómicas en mayo de 2015. Y las promesas acallaron nuestros esfuerzos reivindicativos. Al cabo del tiempo, ante semejante puntilla, nadie encontró las fuerzas para retomar tan noble aspiración. Y aquí podría acabar esta historia, resumida en el fracaso de unos quijotes -la mayor parte bejaranos de nacimiento o de adopción- derrotados, que no enderezaron el tuerto ni deshicieron el agravio.
Sin embargo, aquella demanda fue el germen de una asociación surgida cuatro años después: Talaván Historia Viva. Asociación que nace con un fin general, la defensa de la cultura talavaniega, pero, a su vez, con un objetivo específico, prioritario y urgente: la rehabilitación de la ermita del Santo Cristo. Y nace como una revolución. Dirigida por mujeres tenaces, en su breve historia ya ha alcanzado en torno a 150 socios, y, lo más importante, ha conseguido movilizar a todo el pueblo; a modo de martillo pilón, ha incordiado a la Junta de Extremadura y al Ayuntamiento talavaniego retomando algunas acciones de la antigua campaña, y es su deseo seguir incordiando hasta que la restauración de la ermita no se consume. Tiene además la ventaja de la inmediatez; vuelvo a recordar que Béjar está a más de cien kilómetros de Talaván. Y recupera un dominio por justicia genuino. Un bien patrimonial es, por definición, de todos y de nadie; la ermita del Santo Cristo del Ejido merece ser rehabilitada para beneficio de cualquier persona (ante todo, tenemos la obligación de ceder este legado al disfrute de las generaciones venideras), pero su defensa debe estar encabezada por los mismos talavaniegos, incuestionablemente. En puridad, ellos son los primeros custodios del Vellocino de Oro.
A día de hoy, vislumbramos la luz al final del túnel. A través de una subvención, parece que hay dinero para rehabilitar la cabecera de la ermita (sí, desearíamos una rehabilitación integral, pero por algo se empieza). Según palabras del alcalde, Francisco Miguel del Barco Collazos, el ayuntamiento de Talaván ha contratado a un arquitecto para definir un proyecto de actuación urgente. Sin embargo, personalmente opto por la cautela (y más en estos tiempos, cuando cada año es electoral). Son demasiados palos acumulados; ya nos despistaron fuegos fatuos en el pasado. Me lo creeré cuando comiencen las obras. Cuando terminen, si me apuran. Pero ha renacido en mí la esperanza, cuando había tirado la toalla, y sé que el trabajo incesante de Talaván Historia Viva descarta la rendición.
Esperaremos acontecimientos. Acabo ya, pero quiero rematar estos papeles con la inclusión de un texto al que tengo especial cariño, la leyenda de los réprobos de Talaván. Para cerrar con una sonrisa.

Leyenda de los réprobos de Talaván
Cuídate, por un lugar de los Cuatro Lugares, de los idus de marzo. No son estos idus los romanos, tiempos de buenos augurios, pascuas profanas, por Talaván de los Cuatro Lugares del Campo. Desde la torre de la Asunción -esa torre hoy coronada de una prótesis nefasta-, tiemblan los bronces a medianoche, y mientras las doce campanadas se difuminan por los llanos como un fúnebre estertor, van desperezándose los réprobos de la ermita vecina, la siniestra ermita del Cementerio Viejo, la olvidada ermita del Santo Cristo. Despiertan también el hombre gato y la mujer con toca, abandonando sus medallones con el ansia del reencuentro. Para ellos, para los hijos del anatema, suena toque de resurrección en la noche del 15 de marzo. Es toque a rebato para los talavaniegos: cada mochuelo a su olivo, y que nadie asome la gaita.
Resucitan los condenados. La capilla es palomar revuelto, estampida volátil, caos colorido de plumas y gorros con borla. Alza el vuelo una jauría infernal, una escuadrilla rabiosa y enloquecida que abandona la ermita con un jaleo, cómo no, de mil demonios. El hombre gato y la mujer con toca, acurrucados bajo la cúpula, les despiden con la educación inversa del inframundo: "¡Id con el diablo!".
Cuídate, por Talaván, de la noche del 15 de marzo. Rasga el cielo una nube disparatada y chirriante; no hay bandada más horrible. No imaginaron Pieter Brueghel, el Bosco, Goya, tan extraña pintura, tan grotesco aquelarre, tales monstruos voladores de ojos desorbitados y dientes vampíricos, con sus gorritos de borla, con sus alas gigantes. Son vándalos enfurecidos. Arrasan los huertos y los sembrados, atacan como lobos al ganado, destrozan los tejados; se agolpan, como polillas, tras las ventanas iluminadas, mostrando sus fauces a los incautos que han olvidado la fecha. Dicen que les divierte bajar al Tajo, donde Nuestra Señora del Río, y embestir una y otra vez contra la corriente como martines pescadores; número acuático de delfinario surrealista, los insospechados réprobos sumergiéndose y emergiendo en las aguas, a la luz de la luna. Con sus alas gigantes, con sus gorritos de borla. Nada aerodinámicos. Figurándonos la estampa, y con una pizca de cariño, podemos decir: “¡Son como niños, los condenados!”.
Como niños gamberros, pasan toda la noche haciendo pifias. Y, al presentir la alborada, regresan a sus ruinas agotándose en las últimas acrobacias aéreas. Ríen y gritan. Su risa es descacharrada; sus gritos, metálicos. Raya el alba cuando están acoplándose en sus casillas. El hombre gato y la mujer con toca se despiden con un largo abrazo, y retornan a sus medallones.
 Se acabó la licencia. Otro año de esgrafiada quietud.



 Gabriel Cusac Sánchez

27 de septiembre de 2019

Tras la euforia

El hombre gato, imagen de Juan Carlos Pérez Hernández

Ahora, tras la euforia del día 24, aparentemente superadas todas las casillas peligrosas de esta “réproca” o “reproca” que nos une, parece que hemos entrado en un silencio y una quietud de camposanto, como si sospechásemos que la euforia siempre es traicionera. No, debemos felicitar al Ayuntamiento, a la Asociación Talaván Historia Viva, a todos los que han compartido este tortuoso calvario en pro de la rehabilitación de la ermita del Santo Cristo. Y nuestro corazón merece un descanso, un poco de relax después del rosario de penalidades. Sin embargo, precisamente por tanto palo y tanta tormenta acumulados, una vocecita nos susurra: “Cautela, esto no ha acabado”.
Sí, ya salió el pesimista, el cenizo, la mosca cojonera. Qué la vamos a hacer, serán los genes. Pero escuchando esa vocecita, creo que tiene razón. Bullen en mi cabeza algunas preguntas. ¿Se ha publicado el acta municipal que da fe de la resolución? ¿Obra ya en poder del Ayuntamiento ese casi metafísico documento guía, el “Proyecto de Rehabilitación Integral” de la Junta de Extremadura? En este caso, ¿es accesible a la consulta ciudadana? ¿Existe algún inconveniente para que conozcamos el nombre del arquitecto encargado de elaborar la separata? Ya que solo se rehabilitaría la cabecera, ¿podría este mismo arquitecto aconsejar una medida provisional de protección para el resto de esgrafiados de la nave? ¿De qué plazo dispone este arquitecto? Una vez redactada dicha separata, ¿de qué plazo dispone la Comisión Provincial de Patrimonio de Cáceres para dar el visto bueno? ¿Nos meteremos en navidades? Las obras de este cariz, ¿son supervisadas, durante su ejecución, por técnicos de Patrimonio?
Espero que estas dudas se resuelvan pronto; necesitamos pisar firme y no volver a adentrarnos en el pantano de las especulaciones y los rumores.
La mujer con toca, imagen de Juan Carlos Pérez Hernández
Después de estas preguntas, permitidme un ejercicio de imaginación. Nuestro deseo inmediato es que las obras empiecen cuanto antes. Pero, siquiera a modo de divertimento, de conjetura lúdica, vamos a mirar un poco más lejos. Supongo que todos, una vez finalizados los trabajos de rehabilitación, querremos un espacio vivo. Pensará Francisco, el alcalde: “¿Pero es que este tío no va a dejar de dar la brasa nunca?” (aquí, insertemos mentalmente el icono de la sonrisa, o ese rojo cabreado, a elegir). Bueno, brasas y bromas aparte, expongo una idea. Pienso que la parcela de la ermita, el antiguo cementerio, no puede ser un marco desolado, como lo es ahora, una vez consumada la rehabilitación. ¿No sería ideal ajardinar esta parcela? ¿No es precioso imaginar a los niños de Talaván creciendo junto a los monstruitos de la ermita, fomentando un cariño, un vínculo que duraría para siempre? 
Fuente de las Gracias en El sueño de Polifilo, imagen de Biblioteca Nacional
Yo, que soy muy dado a caprichos mistéricos, que me siento fascinado por el paisajismo hermético de las villas renacentistas y barrocas, que en el fondo considero toda esta odisea talavaniega como una experiencia iniciática, gustaría de un laberinto de boj, salpicados algunos cenadores cubiertos de glicinia, con una rotonda central gobernada por una fuente curiosa, al estilo de la de “las Gracias” descrita en “El sueño de Polifilo”. Pero entiendo semejante antojo muy personal. Vale, un jardín, pensemos solo en un jardín.
Ya.
Gabriel Cusac



22 de septiembre de 2019

Apostillas al artículo de José Julio García Arranz sobre la ermita del Santo Cristo

Cúpula de la ermita del Santo Cristo de Talaván, imagen de Eloy Díaz Redondo


He estudiado con detenimiento el artículo de José Julio García Arranz “Un caso de transformación iconográfica y reorientación significativa: la decoración de la ermita del Santo Cristo de Talaván (Cáceres, España)” y pienso que constituye un pasaje obligado para futuras investigaciones, dadas sobre todo las escasísimas fuentes documentales y la precaria bibliografía que sobre la ermita del Santo Cristo han salido a la luz. Además, en estos momentos, cuando se lucha por la rehabilitación del lugar, cualquier publicación acerca del mismo debe ser celebrada, porque otorga visibilidad a nuestra justa demanda. Con la humildad de un diletante, sin ninguna pretensión académica, intento aquí exponer una opinión crítica, pero respetuosa y constructiva, sobre el artículo y, de paso, confrontar mi propia teoría, distinta a la interpretación de José Julio. A pesar de estas diferencias de criterio, entiendo que inevitables, reitero que la suma de voces -en este caso tan valiosa: un doctor universitario- es un arma imprescindible contra la ruina de la ermita.
Pienso, en primer lugar, que son necesarias algunas aclaraciones, cuando no correcciones. El artículo de José Julio, aunque excelente, contiene distintas referencias dudosas o erróneas que pueden llevar a la confusión.
 1- Son varias las menciones (ejemplo: p. 24, “los dos boceles del anillo exterior de la misma [la cúpula] fueron retocados, como ya señalara Carmen Cascón”) que se hacen en el texto a la historiadora y miembro del Centro de Estudios Bejaranos (CEB) Carmen Cascón, todas señalando la entrada de su blog personal “La ermita del Santo Cristo de Talaván (Cáceres), otro episodio de patrimonio artístico a punto de perderse para siempre”.  Pero, en realidad, el blog de Carmen Cascón solo es utilizado como plataforma digital, como vía de difusión, porque el texto pertenece al historiador del arte Roberto Domínguez Blanca, quien publica a través de este medio su propio informe, el realizado ex profeso sobre la ermita del Santo Cristo con vistas a la protección de la misma. Para entendernos, digamos que Carmen solo actúa aquí como editora. Es difícil entender el error. Primero, porque Carmen avisa de la autoría de Roberto en la introducción inicial; segundo, porque el informe de Roberto Domínguez Blanca, así mismo publicado en la web del Centro de Estudios Bejaranos (CEB), se cita en el artículo de José Julio, quien lo califica de “pormenorizado” e igualmente lo referencia en el apartado “recursos web”. Pero ambos textos, el de la web del CEB y el del blog Carmen Cascón son sencillamente el mismo: el informe de Roberto. Debe señalarse además que la imagen de la cúpula (fig. 3) en p. 23 del artículo, no es de Carmen Cascón, como indica el pie de foto, sino del abogado y fotógrafo Eloy Díaz Redondo.
2- En p. 26 se cita precisamente a Roberto Domínguez Blanca como promotor de “diversas actuaciones ciudadanas para salvar para salvar el santuario”. No, no es así. Roberto, a través de su informe, aporta un pilar fundamental en la lucha por la restauración de la ermita, pero las “diversas actuaciones ciudadanas”, desde la campaña “Salvemos a los condenados de Talaván” hasta la inclusión de la ermita del Santo Cristo en la Lista Roja de Hispania Nostra o la recogida de firmas en Change -estas dos acciones, utilizando el soporte del CEB y, ahora sí, con la inestimable colaboración de Carmen Cascón; porque no es lo mismo que la solicitud sea de un mindundi a que lleve el marchamo de esta institución cultural-, pasando por el contacto con las autoridades patrimoniales extremeñas, parten de la iniciativa de un buen amigo de Roberto Domínguez Blanca: quien suscribe. Invitado por la Asociación Talaván Historia Viva, tuve ocasión de explicar con detalle el desarrollo y la cronología de estas acciones en una charla dada en la Casa de la Cultura, el 16 de marzo de 2019. No se trata aquí de satisfacer ningún afán de protagonismo; simplemente, es de justicia que a cada cual se le atribuyan sus méritos.
3- En p. 33, en cambio, se me atribuye una cita ajena: “Gabriel Cusac […] indica que podría tratarse de una capilla expiatoria en la que el cielo o el infierno, como novísimos o postrimerías, tras la muerte y el juicio, se encontrarían muy cercanos”. En realidad, la cita pertenece a Antonio Avilés Amat, entonces Presidente del Centro de Estudios Bejaranos, quien el 09/03/2014 publicó en mi blog la entrada “Los ángeles malos de Talaván”, como un eslabón más de “la Cadena”, serie digital de textos iniciada en febrero de 2014 que constituyó una de las iniciativas ciudadanas antes citadas.
Creo que es importante resolver estos equívocos (disculpables y debidos sin duda a la abundancia de bibliografía manejada), sobre todo para no confundir a los investigadores.
4- En p. 24 se lee: “La siguiente evidencia documental con que contamos del santuario es un informe fechado en 1790, en el que se habla de la existencia de una ermita dedicada al Cristo del Egido (sic) como lugar en el que se reúnen los miembros que componen el concejo o corporación para la administración y gobierno del municipio; muy probablemente se trate del mismo edificio que ahora nos ocupa, y que ya en aquel momento, como se indica en el escrito, se encontraba en estado ruinoso y, en consecuencia, fuera de culto”. Estoy totalmente de acuerdo con José Julio; es más, creo que rotundamente se puede afirmar que nuestra ermita es la del Santo Cristo del Ejido:
a)     En el documento citado se relacionan las cinco ermitas que cuenta Talaván en 1790; solo una, la del Santo Cristo del Ejido, “cerca de arruinarse”, tiene advocación cristológica. La misma advocación que señala la leyenda entre boceles de la cúpula, referida al sacrificio de Cristo.
b)     Ejido significa terreno comunal. Todo cuadra. Por eso las reuniones del concejo se celebraban allí; por eso la parcela de la ermita figura en el Inventario Municipal de Bienes y Derechos como “Cristo”, tal como en 2013 avisara José Muñoz, Secretario del Ayuntamiento de Talaván.
c)     La reseña decimonónica del Diccionario de Pascual Madoz a la ermita del Santo Cristo de la Encina, dada su excepcionalidad, se trata sin duda de un error. Entre la ingente cantidad de colaboradores que hicieron posible el Diccionario quizá ocurriera que alguno interpretase literalmente una indicación geográfica oral, al darse la circunstancia de que una encina creciera junto a la ermita. Creo que es una explicación probable.
5-En p. 32 se comenta: “El llamativo e inquietante aspecto que hoy presentan las figuras angélicas de la base de la cúpula ha dado lugar, en fechas recientes, a todo tipo de especulaciones, todas ellas fundamentadas en la idea de que tales representaciones fueron concebidas originalmente de este modo, y que, por tanto, poseían tan siniestros atributos desde su creación a inicios del s. XVII”. Es verdad, José Julio, pero debes admitir que, a falta de pruebas científicas, como un análisis estratigráfico de los esgrafiados, todos nos movemos en el terreno de la especulación. Frente a la hipótesis “grafitera” que compartes, quiero contrastar los argumentos de la mía:
a)     Los llamados “ángeles malos” son sencillamente increíbles por su falta de parentesco iconográfico. Pero creo que es mucho más increíble pensar que lo que vemos sea el producto de una transformación icónica “entre finales del s. XVIII y las primeras décadas del XIX”, que un retoque de pintura sobre los trazos originales, un simple intento de restauración. Porque en 1628 nos encontramos en plena Contrarreforma, un período donde la Iglesia Católica realiza un gran esfuerzo doctrinal, de lucha contra los “herejes”, y los autos de fe de la Inquisición española están en su apogeo. Por eso tiene mucho sentido que los “ángeles malos”, pese a su condición de obra originalísima, pero en consonancia con su época, representen a pecadores, a herejes, a condenados por la Inquisición. En cambio, “entre finales del s. XVIII y las primeras décadas del XIX” el tiempo histórico de España adquiere la deriva contraria; justamente estamos inmersos en la Ilustración, donde la luz de la razón pretende imponerse a la oscuridad de dogmas y credos. Una luz que, por suerte, contribuirá a abolir la Inquisición en 1834, como señalas. No es precisamente el periodo más indicado para la transformación icónica, para convertir ángeles en condenados. Así mismo, en este contexto, el cambio de uso del edificio al “asociarse a una función funeraria” me parece más un argumento en contra que a favor de la teoría del cambio icónico.  Ante tal coyuntura, yo me decanto por el principio de la navaja de Ockham: la explicación más simple es la más probable.
b)     En este marco contrarreformista, pienso que la inclusión original de los “réprobos” formando parte del programa decorativo de la cabecera de la ermita está en consonancia con el mensaje ejemplar que quiere transmitirse. La leyenda de la cúpula nos habla del sacrificio de Cristo. Y los medallones contienen elementos de la Pasión. Hay una unicidad didáctica, y su significado equivaldría a “si desprecias el sacrificio de Cristo, te espera el Infierno”. Un mensaje plenamente contrarreformista. Para entender el singular diseño de los réprobos debemos situarnos en un plano simbólico. Las alas, en una metáfora ancestral, nos indican que son almas. Los colmillos, las grandes bocas, los ojos desorbitados, la expresión de horror y ferocidad, acentuada en algunas figuras con muescas esgrafiadas en torno a la boca, nos indica la calidad y el destino de estas almas. La coroza indica que son condenados por la Inquisición. Sí, se trata de un conjunto heterodoxo, sin referentes, una invención individual, pero es bastante más probable que esta heterodoxia artística se dé originalmente en 1628 que más de un siglo después, fruto de un “tuneo” aún menos justificable que, como poco, causaría desconcierto entre los talavaniegos, cuando no indignación.
Y nada más. Solo decir que me importa mucho menos tener o no tener razón en mi hipótesis que la salvación de los “angelitos malos”, de la mujer con toca, del hombre gato, de un lugar prodigioso que puede venirse abajo cualquier día gracias a la desidia institucional. Desidia que me duele como una puñalada. Debemos perseverar en la lucha, y unir voces. Debemos apoyar el heroico tesón que las mujeres directivas de Talaván Historia Viva están demostrando. Debemos agradecer que sabios como José Julio García, o Roberto Domínguez, o Samuel Rodríguez, o José Muñoz Domínguez, o Tomás Aguilera, o Carmen Cascón, o Antonio Avilés hagan sus aportaciones, pero eso no nos libra de la obligación moral de sumar en la medida de nuestras posibilidades. Como han hecho cientos de personas, talavaniegos o no, que sufren ante la ruina de la ermita del Santo Cristo. Porque se lo debemos a los que vienen detrás, a nuestros hijos, a nuestros nietos, a las generaciones del futuro. Adelante. Fuerza.
Gabriel Cusac






15 de agosto de 2019

Muerte de Teófilo Eisenhower Periné: una tragedia talavanera



Memento mori, mosaico de Pompeya (imagen tomada de jcaballeroheras.blogspot)

El pobre Teófilo Eisenhower Periné, alias Luciferín, contable jubilado de una imprenta, amante del bel canto e intérprete de zambomba, diletante sin tertulia, misántropo más solitario que la tenia, secreto dipsomaníaco, consumado lector de fantásticos, fumador compulsivo; cabezón y tripón como el viejo Napoleón (¡viva la aliteración!), buena persona, un cabroncete de cuidado según otras opiniones, salmantino, gerontófobo, fatalista, etc., etc., fue una de estas personas contaminadas de manía, diríase que desnudas sin una obsesión a la que recurrir para dar un poco de contenido a su existencia. Al jubilarse, Teófilo abandonó la fijación profesional de las cuentas cuadradas y los programas de Hacienda, que eran su vivir y su sinvivir, para comerse el coco con un capricho exótico: los llamados “ángeles malos”, singulares figuras iconográficas de una ruinosa ermita en el pueblo cacereño de Talaván. “Me traen loco estos putos monigotes”, solía decir. Pero se trataba de una antítesis; los quería a rabiar.
Teófilo descubrió los monigotes en un programa de Cuarto Milenio, y esa noche no durmió. Ya estaba poseído. Al día siguiente, desde su Salamanca natal y mortal, tomó a primera hora las riendas del Seat Panda con ánimo campeador y se hizo una buena tanda de kilómetros hasta plantarse en Talaván, lugar de Los Cuatro Lugares. Atravesó el pueblo hasta llegar a la ermita del Santo Cristo, y, apenas descabalgar del Panda, ya entendió el remate picudo de la cúpula como signo lovecraftniano (“parece un detalle de la arquitectura maligna de Kadath, donde sobrevuelan los ángeles descarnados de la noche”) y buen augurio. No menos gratificante le resultó descubrir, a la entrada de las ruinas, una lápida de pizarra, negra, semienterrada y fúnebre, incontestable hito de territorio misterioso. Pero, ya dentro de la ermita, ocurrió el éxtasis y la blasfemia emocionada, el descubrimiento de una causa, la luz que vengaba toda una vida monótona, insulsa, correcta hasta la putrefacción. El catálogo teratológico del viejo templo -más amplio que el grupo de angelitos malotes- le dio la bienvenida, y el bueno (o el cabroncete) de Teófilo, que nunca había contemplado nada parecido (porque, además, no lo hay), sintió una especie de epifanía inaugural que le emparentaba con Howard Carter desvelando la tumba de Tutankamón. ¡Qué maravilla! El lugar era un vertedero, lleno de maleza y basura, poco menos que clausurado obscenamente por una gran higuera. Pero eso no importaba; es más, digamos que estos ingredientes delatores del abandono -a los que se sumaba un bloque de nichos abiertos, adosado sin pudor en la pared interior derecha de la nave- complementaban lo siniestro del escenario. Sorteando el ramaje de la higuera, Teófilo descubrió al insólito “hombre gato”, custodio del arco diafragma, y creyó que el extraño personaje le saludaba con una ligera inclinación de cabeza y un temblor imperceptible de sus bigotes felinos. En idéntico emplazamiento, pero a la vuelta del mismo arco, se alojaba la mujer con toca, tan espectral, quien durante un segundo abrió su boca para enseñar al visitante una sonrisa de media luna. Y luego, en la capilla mayor, a modo de culminación de un peregrinaje iniciático, Teófilo lloró bajo la bóveda ovalada admirado por la escuadrilla carnavalesca de los “ángeles malos”, terroríficamente encantadores, desbordantes de alas y colmillos, chirriantes como bisagras oxidadas; incomprensibles, ingenuos y trágicos como niños en el Infierno, héroes esgrafiados entre la amenaza de las grietas y el verdín, supervivientes del tiempo y del olvido, con sus poco menos de cuatrocientos años a cuestas. “Hola, Teófilo”, susurraban los serafines vampíricos entre tímidas risitas infantiles. Como en una cápsula, en un recogimiento casi sagrado, Teófilo estuvo más de dos horas en las ruinas, ajeno al mundo exterior, como queriendo fundirse con los muros de pizarra de aquel lugar encantado. Ese mismo día supo que los inconcebibles personajes del antiguo templo eran sus amigos, y que debía luchar por ellos. Había iniciado una odisea.
La mujer con toca (imagen de Eloy Díaz Redondo)

Ha llovido bastante desde entonces. Durante un lustro, el pobre Teófilo revolvió Roma con Santiago pidiendo la rehabilitación de la ermita. Hizo todos los viajes a Talaván que le fueron permitidos por su miserable pensión. Recabó el apoyo de algunos sabios. Desarrolló una teoría propia sobre la identidad de los “ángeles malos”, que entendía réprobos. Fue la voz que clamó en el desierto frente a las impávidas autoridades patrimoniales de la Junta de Extremadura. Insultó públicamente a algunas. Salvando honrosas excepciones, reprochó a los paisanos el desprecio por la ermita. Y precisamente cuando ya había tirado la toalla, siendo consciente de que la obsesión le estaba carcomiendo el alma, llegó la brisa fresca de una asociación de talavaniegos quienes, tardíos o arrepentidos, empero entusiastas, rescataron su causa con los bríos de una pequeña revolución.
La asociación contaba con gente entregada y competente. Fue invitado a dar una charla, y el pobre Teófilo, a pesar de su tenaz misantropía, a pesar de su marcado rotacismo y de que silbaba en las eses (ciertamente, un Cicerón de saldo), no dudó un instante en aceptar la propuesta. Y el día de la charla fue la primavera, el renacimiento, la utopía. Porque la rehabilitación de la ermita ya se daba por hecha en Talaván. Había dinero, había un proyecto, el alcalde comprometió su palabra y, por fin, se había instalado una conciencia colectiva sobre la necesidad de restaurar la ermita. No se podía pedir más.
Pero luego surgieron extraños problemas, de esos que se engendran en altas instancias y cuya razón resulta indiscernible para el ciudadano vulgar. De repente, hacía falta una revisión del proyecto; quizá incluso uno nuevo. Y hacía falta un técnico. Y ese técnico no trabajaba gratis, por supuesto. Las autoridades patrimoniales de la Junta se lavaron las manos (como todo el mundo sabe, para ciertos asuntos Extremadura queda reducida a dos ciudades: Cáceres y Mérida). El Ayuntamiento de Talaván -de arcas bien saneadas, por cierto- debía correr con los gastos. Y, hasta hoy, el Ayuntamiento, por no se sabe qué misterios, soslaya el tema, manteniendo una discreción que abre paso a las especulaciones más pesimistas. Calla el Ayuntamiento. Calla el alcalde que lanzara gentiles promesas. Un silencio cruel.
En este ínterin, el pobre Teófilo enfermó. Ya era demasiado sufrimiento; se sentía víctima de una tortura sofisticada. Soñaba cada noche con “ángeles malos” descalabrados, y con el hombre gato y la mujer con toca revueltos en un puzle de cascotes. Emprendió una dieta sobrevenida, a base de vino y magdalenas. Y su corazón empezó a llenarse de grietas y verdín, como la cúpula de una ermita lejana, y bajo la cúpula de una ermita lejana empezaron a escucharse inexplicados sollozos.
El pobre Teófilo Eisenhower Periné, alias Luciferín, dobló la servilleta ayer. QEPD (que en paz descanse), dicen unos. QEDP (que el demonio pinche), otros.
Gabriel Cusac


5 de junio de 2019

De condenado a condenado, y tiro porque me ha tocado: “Oca de los réprobos de Talaván”



 
Dos réprobos, imagen de Eloy Díaz Redondo

Ahora que vamos despacio, cuando impera la calma chicha en esta odisea talavaniega (ya volveremos a la carga cuando el nuevo concejo tome posesión), los ermitaños del Santo Cristo quizá podamos entretener nuestros ocios jugando a la Oca de los Réprobos de Talaván, empezando por la tarea de escoger, y luego pronunciar correctamente, entre los acrónimos “réproca” o “reproca”, que a mí me parecen palabras dificilísimas, verdaderos palabros, no obstante neologismos oportunos al caso. Tan larga es esta guerra que hasta surgen palabras nuevas, ya veis.
El siguiente paso es construir el casillero, y para eso debemos sumar ideas. Creo que algunas casillas son muy obvias. Nuestros réprobos o ángeles malos sustituyen a las ocas. El hombre gato y la mujer con toca merecen tener su habitáculo propio. Una imagen de la cúpula formará la gran celdilla final, claro. Digo yo que sacaremos dos puentes netamente locales. Y un pozo con brocal (si no fuera así, podría valer un aljibe, ese aljibe moruno y talavaniego del que me habló Rosa María Rodríguez Maestre, dejándome hasta hoy un poso de sorpresa y misterio). Una foto aérea del callejero en torno a la Plaza de los Herradores vale de laberinto. Como posada, foto interior de la Casa Rural La Breña. Para la prisión ya vamos más apurados; en infinidad de pueblos persiste el letrero de la antigua cárcel, y no sé si esto ocurre en Talaván. De lo contrario, no creo que quede muy fino echar una foto al calabozo del cuartelillo. Una ventana enrejada, quizá. Y otro tanto pasa con los dados y la muerte: aquí necesito ayuda. ¿Unos jugadores talavaniegos echando un póker en la mesa de algún bar? ¿Hay alguna calavera -lápidas sepulcrales aparte- tallada en la iconografía del pueblo? En todo caso, si hay que importar dos o tres imágenes, tampoco pasa nada.

Juego de la Oca (Imagen tomada de El museo de Papel)

Las ermitas, la iglesia, la fuente de la Breña, la de la plaza, las riberas del Tajo… Monumentos, rincones y paisajes de Talaván deberán rellenar el tablero. En otros lugares -Burgos y Segovia, que yo sepa, pero seguro que existen bastantes ejemplos- ya funciona el invento. Y como casillas hay muchas, más de sesenta, ¿podríamos hacer un favor publicitario a los comercios y empresas de Talaván, cediéndoles su propia casilla? Dirá entonces Alicia Toro, Cárite andariega: ¿y por qué no incluimos fotos de la flora y la fauna autóctonas? Y pienso ahora… ¿qué tal fotos de paisanos? ¿Sería acaso meternos en un berenjenal, y habría bastonazos por salir en la réproca o reproca talavaniega?... Aquí, insertemos mentalmente el emoticono de la carcajada. Una disculpa: soy un auténtico analfabeto en la edición de imágenes. De lo contrario, habría intentado acompañar este texto con un gráfico, siquiera incompleto, de la Oca de los Réprobos. Pero aquí queda la idea, por si alguien quiere intentarlo. Y luego, a jugar…
Bueno, al menos hemos pasado un rato entretenidos, pergeñando tan exótica y a la vez localista versión de la Oca. Y, aunque sea en tono lúdico, estas líneas sirven como recordatorio del noble empeño que nos mueve: la restauración de la ermita del Santo Cristo. Que no nos enfriemos. Que no nos despojemos de este dulce fanatismo. Se lo debemos a las generaciones venideras: por ellos.
Ah, por último, y aunque sea de refilón, quiero aprovechar el momento para mencionar una curiosidad. Leyendo hace poco “Celtíberos cortadores de cabezas”, artículo historiográfico de Tomás Aguilera Durán -otro de los ermitaños del Santo Cristo-, topé con el epígrafe que copio. Cabezas y alas en un viaje al más allá, en el friso de un vaso cerámico con más de dos mil años de antigüedad. ¿De qué nos suena?


Friso decorativo de un vaso cerámico de la necrópolis de Uxama. Se interpreta como la materialización del paso del alma del difunto al otro mundo representada en forma de cabeza humana dentro de una urna alada, mientras que las aves cumplirían una función psicopompa o de acompañamiento del fallecido al Más Allá. Fuente: Juan Cabré, 1915-1920, “Esteles ibériques ornamentades del Baix Aragó”, Anuari de l’Institut d’Estudis Catalans, 6, p. 641. (Imagen tomada de Desperta Ferro)





Gabriel Cusac





17 de mayo de 2019

Ermita del Santo Cristo de Talaván: una recapitulación personal

Entrada a la ermita


Después de la última respuesta de la Junta de Extremadura, quizá sea el momento de hacer una recapitulación sobre el último tramo del trompicado proceso -o viacrucis- de quienes perseguimos la restauración de la ermita del Santo Cristo de Talaván. Quede bien claro, de partida, que soy portavoz de mí mismo; hablo a título personal.
Creo que lo primero es reconocer los méritos de la movilización ciudadana y de la Asociación Talaván Historia Viva como instrumento catalizador de la misma. Nuestros réprobos o ángeles malos, nuestros queridos monstruitos, deben estar contentos de que todo un pueblo haya enarbolado la bandera de su defensa. A los talavaniegos, además, nos hemos unido un buen número de personas que compartimos la misma sensibilidad. Somos un ejército, hay fuerza, hay ilusión. Entre todos hemos sumado, voluntarios en un empeño solidario. No esperaban en la Consejería de Cultura ni en la Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural el diluvio de mails y llamadas, no esperaban el colapso. Y ahora deben echarse a temblar cada vez que oigan la palabra Talaván, que suena a martillo pilón. En paralelo, los miembros de la Asociación se han multiplicado de manera inaudita. Ha habido que hacer una segunda remesa de camisetas; ya somos muchos los carteles humanos. Y, por supuesto, la visibilidad mediática de la causa ha sido espectacular. Creo que se han hecho las cosas muy bien, y que además se ha completado lo más duro del trabajo.
Ahora el testigo está en manos del Ayuntamiento. Hace falta, ya, la prometida contratación del técnico encargado de redactar y firmar la famosa separata del proyecto. Es el siguiente paso, sencillamente, y confío en que se lleve a cabo con la mayor celeridad. Pero pienso que no debemos bajar la guardia: lo que nos debe convencer son los hechos, no las palabras. Mantengámonos alerta.
Vista de la nave

Por otra parte, cabe considerar la posibilidad de que nos llevemos un palo brutal; seamos conscientes de que en cierto modo jugamos una apuesta ciega. Porque nadie conoce la principal referencia a seguir, el hermético “Proyecto de Rehabilitación Integral del que dispone la Dirección General”. Porque nadie conoce hasta qué punto este documento puede condicionar el presupuesto y la ejecución de la obra. Porque, en realidad, la Junta de Extremadura no ha contestado a una de las preguntas que le formulábamos: ¿Por qué nunca se ha enviado este proyecto al Ayuntamiento de Talaván? Parece muy sospechoso que, para su consulta, remitan a las propias dependencias de la Dirección General. Desde hace unos añitos, los documentos se elaboran digitalmente, y luego se imprimen. ¿Acaso no puede remitirse una copia digital? Quizá me pase de desconfiado, quizá mi ignorancia es atrevida. Pero creo que, después del camino (o la odisea) que llevamos recorrido, hay que estar preparados para todo. Alerta.

Gabriel Cusac



12 de mayo de 2019

Carta de José Muñoz Domínguez a Dª Leire Iglesias y D. Francisco Pérez Urbán sobre la restauración de la ermita del Santo Cristo de Talaván

Entre el verdín y las grietas (imagen de Eloy Díaz Redondo)

Yo quiero a Pepe por su integridad y su corazón “millonario”, como cantaba Facundo Cabral. Pero hoy tratamos de la defensa de la ermita del Santo Cristo de Talaván. Y es un hecho destacable que este moderno humanista vuelva a pronunciarse al respecto, como ya hiciera en 2014. José Muñoz Domínguez es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, profesor de Dibujo en Secundaria desde hace más de 30 años, Doctorando en Arquitectura, miembro del Grupo Cultural San Gil y del Centro de Estudios Bejaranos, pintor, ilustrador, escritor, investigador, luchador infatigable en la defensa del patrimonio, uno de los mayores expertos en arquitectura renacentista española. Y también engrosa nuestro ejército. Si hubiera pasado al contrario, si un sabio de este calibre formara parte de la Dirección General de Unas Cuantas Cosas, entre ellas Patrimonio, de la Junta de Extremadura, la ermita del Santo Cristo de Talaván sería hoy un ejemplo de intervención responsable, no de negligencia institucional. Porque Pepe se habría dejado la piel luchando por su restauración. Y estaríamos calladitos y contentos, no en pie de guerra. Conclusión: vamos a por estos impresentables, vamos a por ellos.
Gracias, Pepe.
 
Casi borrado (imagen de Eloy Díaz Redondo)

Carta de José Muñoz Domínguez a Dª Leire Iglesias y D. Francisco Pérez Urbán sobre la restauración de la ermita del Santo Cristo de Talaván 

Dª Leire Iglesias Santiago y D. Francisco Pérez Urbán:
En septiembre de 2014 me dirigí a la entonces Directora General de Patrimonio Cultural de Extremadura, Dª Pilar Merino Muñoz, en relación con la urgente intervención que requerían la ermita del Santo Cristo de Talaván y sus excepcionales esgrafiados. Pasado casi un lustro desde entonces –tiempo más que suficiente para acometer una obra de tan escasa envergadura–, esperaba que este feo asunto hubiera quedado resuelto satisfactoriamente, pero veo que no es así y me veo obligado a insistir y a solicitar enérgicamente el cumplimiento de sus respectivas obligaciones en materia de conservación del Patrimonio Cultural.
No hay duda sobre el valor de la ermita y sus esgrafiados.
No hay duda sobre la situación lamentable e indigna que por su inacción sufre este Bien Cultural, puesto en la picota de la Lista Roja del Patrimonio por Hispania Nostra para vergüenza de quienes, teniendo la competencia y los medios, no han movido un dedo para evitarlo.
No hay duda sobre el aprecio y la voluntad de las buenas gentes del pueblo en conservar ese legado ni sobre la implicación institucional del Ayuntamiento de Talaván a la hora de proporcionar proyecto y allegar financiación.
No hay duda sobre el apoyo de estudiosos y expertos para que la recuperación de este Bien Cultural deje de ser un asunto pendiente.
En cambio, hay serias dudas sobre la voluntad de ustedes, en tanto que responsables del rico Patrimonio de Extremadura, para cumplir sus obligaciones en relación con Talaván y su ermita.
No esperen a que todo se derrumbe: dejen de perder el tiempo y hagan su trabajo.
Atentamente,
José Muñoz Domínguez 
Réprobo sobre la fecha (imagen de Eloy Díaz Redondo)