No estaba satisfecho con mi vida. De una manera paulatina, pero cada vez más evidente, llegué a tener la seguridad de que mi yo íntimo estaba siendo vampirizado por todo el cúmulo de influencias exteriores, por la circunstancia orteguiana. Notaba un vacío que en ocasiones era una explosión, una certeza brutal de desengaño. Y un buen día, armado de valor, decidí emprender la gran aventura de mi autobúsqueda. Fue una ruptura violenta, un giro total. Sin dar explicaciones -darlas quizá habría significado la primera muestra de flaqueza-, abandoné súbitamente mi familia, mis amistades, mi trabajo, mi ciudad y el grupo de dulzaineros al que pertenecía. Ya despojado de todos mis compromisos, como un santón hindú, me eché a los caminos, viviendo de la caridad de las gentes. La providencia, guía silente del verdadero peregrino, finó mis pasos errantes en el retiro de un valle feraz que se convertiría en mi Carmelo particular. Una pequeña cueva me albergó, en las limpias aguas de un arroyuelo hallé mi Jordán, frutos silvestres y raíces se convirtieron en mi frugal alimento. Bien podría figurar mi expiación en la ejemplar hagiografía de Jacobo de la Vorágine. Mentiría, no obstante, si dijera que no me asaltaban las tentaciones del mundo. Ciertamente, y sobre todo en los primeros meses de mi aislamiento salvaje, no fui ajeno a los ataques de los demonios de la carne -la femenina y la comestible-, ni tampoco, por ejemplo, a los de la simple comodidad. Pero cada vez que los pensamientos pecaminosos me rondaban, apagaba mi desazón fustigándome con un manojo de escobas, a imitación de los santos varones.
Resulta muy difícil, o acaso imposible, explicar cómo día a día ha crecido mi fortaleza interior, cómo ha ido desapareciendo todo rastro de miedo, de inquietud, de pasión, en favor de una paz beatífica. Es la compensación de aquellos que escogen la senda estrecha, el sereno camino del corazón. Al tiempo que se han agudizado increiblemente mis sentidos, las percepciones del espíritu me han hecho comprender, al experimentarlo, el significado profundo de muchas expresiones recogidas en la literatura mística. La trascendencia, que no tiene patria y ni tan siquiera credo, por fin me ha poseído. Mi comunión con la Naturaleza se ha hecho total. Como san Francisco de Asís, he llegado a comprender a los animales. Como don Juan, el indio yaqui que inició a Castaneda, hoy hablo con las plantas. A lo largo de varios años de aprendizaje práctico, ellas me han enseñado su ciencia secreta, sus virtudes y sus usos sagrados. Porque el Ser Supremo, en su Creación, ha establecido vías que nos facilitan el acercamiento a lo divino. Baste decir que cada noche converso con ángeles, como Swedenborg, gracias a un preparado original de botánica selecta.
No hay lugar para el egoísmo en mi corazón. Siéntase dichoso, lector, porque hoy le ofrezco la oportunidad de compartir mis experiencias trascendentes. ¡Compre ya el auténtico Licor Angelical! ¡Sólo ingredientes naturales! ¡Sin conservantes ni colorantes! ¡En botella de vidrio o en tetra-brik, y por el módico precio de 3000 pts/litro, la trascendencia en su mano!
Resulta muy difícil, o acaso imposible, explicar cómo día a día ha crecido mi fortaleza interior, cómo ha ido desapareciendo todo rastro de miedo, de inquietud, de pasión, en favor de una paz beatífica. Es la compensación de aquellos que escogen la senda estrecha, el sereno camino del corazón. Al tiempo que se han agudizado increiblemente mis sentidos, las percepciones del espíritu me han hecho comprender, al experimentarlo, el significado profundo de muchas expresiones recogidas en la literatura mística. La trascendencia, que no tiene patria y ni tan siquiera credo, por fin me ha poseído. Mi comunión con la Naturaleza se ha hecho total. Como san Francisco de Asís, he llegado a comprender a los animales. Como don Juan, el indio yaqui que inició a Castaneda, hoy hablo con las plantas. A lo largo de varios años de aprendizaje práctico, ellas me han enseñado su ciencia secreta, sus virtudes y sus usos sagrados. Porque el Ser Supremo, en su Creación, ha establecido vías que nos facilitan el acercamiento a lo divino. Baste decir que cada noche converso con ángeles, como Swedenborg, gracias a un preparado original de botánica selecta.
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Gabriel Cusac
Béjar Información, 17 de julio de 1999
1 comentario:
pues vamos a trascender todos contigo!
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